“Se agotó el modelo de negociar en medio del conflicto”: ONU

Fabrizio Hochschild, coordinador residente de las Naciones Unidas en Colombia, dijo que los civiles en algunas zonas del país son rehenes de la falta de capacidad de la Mesa de La Habana para desescalar la confrontación armada.  

3 de junio de 2015
Foto: Carlos Bernate


Colombia vive actualmente un recrudecimiento del conflicto armado. Luego de cinco meses de una tensa calma derivada del cese unilateral al fuego decretado por las Farc, el país parece volver al pasado y a un día a día lleno de atentados a la infraestructura, emboscadas a la Fuerza Pública y hostigamientos guerrilleros.

Los hechos más recientes fueron dos voladuras de torres de energía  que dejaron sin luz, durante la misma semana, a los habitantes de Buenaventura y Tumaco, dos ciudades ubicadas en el convulsionado Pacífico Colombiano.

Mientras eso se vive en Colombia, las delegaciones de paz del Gobierno y las Farc acaban de cumplir 1.200 días negociando el fin del conflicto en La Habana (Cuba), en un proceso que, a pesar de un estancamiento de casi un año, ha logrado avances significativos y acuerdos en tres puntos de una agenda pactada de seis. De hecho, este jueves podrían anunciar un nuevo acuerdo: la creación de una comisión de la verdad.

Pero para los colombianos de a pie, las dos realidades suenan incompatibles. ¿Cómo es posible que mientras hablan de paz en Cuba se maten a tiros en Colombia?

Esa incoherencia, que se ha cobrado aún más la confianza de la opinión pública  en el proceso de paz, llevó a que Fabrizio Hochschild, coordinador residente de las Naciones Unidas en Colombia, se preguntara este miércoles si ya se agotó el modelo de negociar en medio del conflicto, con el que las partes se sentaron a la Mesa en 2012.

“Yo creo que ese era un modelo para cuando se pensaba que las negociaciones iban a durar un año al menos. Pero a esta altura, cuando ya llevan tres años, uno tiene que preguntarse seriamente si esa forma es aún la correcta o si sirve es para minar la confianza en el proceso”, dijo.

Para él, el cese al fuego unilateral de las Farc llevó alivio a gran parte de la población. Un alivio que, dice, no sintieron los colombianos de las grandes ciudades por estar acostumbrados a vivirlo a diario casi sin darse cuenta. “Esas personas que vivieron con tranquilidad por primera vez en décadas ahora vuelven a tener miedo, a vivir el confinamiento y a vivir el desplazamiento, ¿es eso realmente justo?”.

Volver a ganar confianza

Desde mediados de abril, cuando empezó nuevamente a recrudecerse el conflicto armado y quedaron de lado los gestos esperanzadores que habían hecho pensar que el cese definitivo del fuego estaba cerca –como el fin de los bombardeos o el desminado humanitario–, han muerto 70 militares y guerrilleros, ha habido por lo menos 400 desplazamientos y más de 2.000 personas permanecen confinadas en sus casas.

“Los civiles son rehenes del fracaso de la Mesa de Conversaciones en llegar a acuerdos para desescalar el conflicto”, piensa Hochschild.

Por eso, para el coordinador de las Naciones Unidas en Colombia, el Gobierno y las Farc deben avanzar pronto con acuerdos sustanciales que tengan un impacto en el país. Pero al mismo tiempo, y mientras esos acuerdos cristalizan, las partes deben volver a encontrar la fórmula para desescalar el conflicto armado, como lo venían haciendo hasta el ataque de la guerrilla a 11 soldados en Buenos Aires (Cauca).

En ese sentido, los negociadores podrían volver a intentar un cese al fuego unilateral, ampliar el acuerdo de desminado, hablar sobre la desvinculación de los menores de edad de los grupos armados o hacer algo por los guerrilleros que están en las cárceles, por ejemplo. 

Lo que Hochschild acepta es que, por ahora, un cese bilateral como el que pide la guerrilla no es fácil ni políticamente viable.

“Desde el punto humanitario es lo ideal, pero no sé hasta qué punto haya disponibilidad política. Además habría que hacer  un trabajo técnico importante: se necesitan mecanismos de monitoreo, una definición clara de los alcances, saber qué va a pasar con las operaciones contra los cultivos ilícitos, cómo se va a tratar el tema de extorsión,  etcétera”,
explicó. 

Lo cierto es que la confianza en el proceso está resentida y el escalamiento del conflicto hace más difícil recuperarla.