Cuatro años de la Ley de Víctimas: balance positivo, pero con advertencias

Este miércoles se conmemoran cuatro años de la aprobación por parte del Congreso de la Ley 1448 de 2011, que establece la forma en que son atendidas y reparadas las víctimas en el país. Un momento oportuno para evaluar cómo avanza este proceso.
 
Junio 9 de 2015
Foto: Instalación de la Mesa Nacional de Víctimas. Unidad para las Víctimas
 
El 10 de junio de 2011, el Congreso aprobó la Ley de Víctimas, una norma que constituye un hito, no solo a nivel nacional sino internacional, en la atención y reparación de las víctimas del conflicto.
 
Colombia es el primer caso en el mundo en el que se avanza en la reparación de las víctimas a pesar de que el país se encuentra en medio del conflicto.
 
Además, el plan de reparación que contiene la ley es el más ambicioso que se ha aprobado en el mundo, pues contempla temas como la generación de proyectos productivos, la atención sicosocial y enfoques étnicos y de género, entre muchos otros.
 
Cuatro años después de su aprobación, aunque el balance de la implementación de esta ley muestra resultados positivos, algunas voces advierten sobre la posibilidad de que un plan tan ambicioso, dirigido a una población tan amplia (ya hay más de siete millones de víctimas registradas), genere unas expectativas que el Estado no esté en capacidad de responder.
 
La semana pasada, el Presidente Santos recibió una evaluación de la reparación de víctimas en Colombia hecha por la Universidad de Harvard, que, según manifestó el mandatario, encontró que la política de reparación de Colombia es la más integral y la más ambiciosa que se haya lanzado en el mundo.
 
Santos reveló además que en su Gobierno han sido reparadas ya 500 mil víctimas, que también es el mayor número de víctimas indemnizadas en el mundo.
 
“El programa de reparaciones colombiano incluye más hechos victimizantes que ninguno y abarca el 11% de la población del país, cuando otros lugares no llegan al 1% de sus habitantes”, manifestó por su parte la Directora de la Unidad para las Víctimas, Paula Gaviria.

Sin embargo, el mismo informe de Harvard reconoce los riesgos que se ciernen sobre la  implementación de la ley.

Como lo destaca Angelika Rettberg, Directora del Programa de Investigación sobre Conflicto Armado de la Universidad de los Andes, en un análisis publicado en El Espectador, “ya en la actualidad la demanda excede la capacidad de respuesta por parte de las autoridades estatales. Según el universo presente de víctimas, más del 90% está pendiente de reparación”.

Además, advierte Rettberg, existen problemas de sostenibilidad fiscal, pues inicialmente se previó una financiación de $54,9 (contenida en el documento Conpes 3712 de diciembre de 2011), pero los supuestos para ese cálculo ya excedieron y la situación económica del país ya no es la misma de ese momento.

Ángela Cerón, Directora de la Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz (IMP), agrega que existen problemas de implementación de la Ley en lo local.

“La Unidad para la Atención y Reparación Integral  a las Víctimas, si bien ha avanzado en el registro, divulgación y pedagogía sobre la Ley, tiene graves problemas de politización en las regiones que finalmente terminan revictimizando a las víctimas y convirtiéndolas en botín electoral”, afirma Cerón, en un escrito entregado a Reconciliación Colombia.

El más grave de estos riesgos son las amenazas que se ciernen sobre las víctimas en algunas regiones, mientras que los victimarios continúan en la impunidad.
Cerón advierte además que en procesos como los de reparación colectiva las medidas que se adoptan terminan quedándose cortas pues se entregan por ejemplo instrumentos a una comunidad, pero no se cuenta con un profesor que le enseñe a los jóvenes a tocarlos.

Como lo reconoció el propio Presidente Santos, ante este panorama solo queda perseverar  y priorizar:

“El informe de la Universidad de Harvard nos invita a perseverar, a persistir, con voluntad política, con esfuerzo fiscal, que ha sido inmenso, pero también a ser sensatos y priorizar. No podemos también ser demasiado ambiciosos, porque de pronto dejamos a mucha gente con expectativas demasiado altas, y después resultan frustradas”, manifestó.