Bogotá, sede del congreso campesino de quienes se resistieron al desplazamiento

Mujeres, hombres, jóvenes e incluso niños del campo participaron durante del Congreso de Fensuagro (el número 11), que concluyó con una declaración que reivindica la necesidad de valorar la vida y cultura campesina y trabajar por democratizar la riqueza con acciones concretas.

Por Constanza Vieira
Periodista independiente
Especial para Reconciliación Colombia


13 de junio de 2015
Foto: Fensuagro


La Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, Fensuagro, es la federación campesina más antigua que existe hoy en día en Colombia, y entre sus afiliados también está el sindicato agrícola más antiguo del país, el del Sumapaz. Por esto, la importancia de que durante cuatro días se hayan reunido en Bogotá más de 400 de sus representantes, justo en esta coyuntura en la que se debate el futuro no solo del campo, sino el de sus pobladores, por cuenta de La Habana y de la puesta en marcha del Plan Nacional de Desarrollo.

Esta federación agrupa sindicatos de agroindustria (como corteros de caña, bananeros y palmeros), así como organizaciones vecinales de jornaleros y de pequeños y hasta medianos propietarios. Quizá una de sus características principales de estas estructuras de base y comunitarias es que no se han dejado desplazar a las ciudades, y permanecen arraigadas en sus territorios, o bien en nuevos asentamientos rurales de donde tampoco se dejan sacar. Pero esa resistencia a la lógica que mueve la guerra en el campo colombiano les ha costado una larga lista de muertos -frente a los que, como era de esperarse, reina la impunidad-, y no pocos presos. En el caso particular de Fensuagro, 130 de sus miembros se encuentran encarcelados, entre ellos su vicepresidente Huber de Jesús Ballesteros Gómez.

El XI Congreso que terminó este lunes 8 de junio fijó el camino a seguir para los próximos cuatro años y eligió junta directiva nacional con base en la coyuntura actual: una difícil situación en el campo y, a la par, un escenario de negociación en La Habana. 

La declaración política expedida tras haber realizado jornadas con las mujeres, con los jóvenes, y asamblea general, expone rutas concretas. “Políticas agrarias que fortalezcan la producción de la economía campesina, que recupere la soberanía alimentaria de los colombianos y que garantice la seguridad social y pensiones para los pequeños y medianos productores campesinos, que democratice los latifundios permitiendo el acceso gratuito a la tierra de los campesinos que no la poseen, que prohíba la transnacionalización de la tierra, los grandes agronegocios, que favorezca la defensa de la producción de alimentos, que de impulso a las zonas de reservas campesinas”.

Por lo que proponen que “las riquezas y bienes naturales sean declarados patrimonio estratégico de los colombianos/as prohibiéndose su privatización y extranjerización” y que “la tierra tenga una función social y ecológica”.

Como antesala de este numeroso congreso que se realizó en Bogotá entre el 5 y el 8 de junio, desde febrero de este 2015 se llevaron a cabo asambleas departamentales y regionales en las que participaron representantes de las 85 organizaciones y comunidades de 26 departamentos que están afiliados a Fensuagro.

Esas asambleas, también llamadas precongresos, eligieron a los delegados y delegadas, quienes a su vez trajeron al XI Congreso la posición de sus representados frente a las discusiones que fueron propuestas por la junta directiva saliente. Así, son organizaciones de base horizontales y profundamente democráticas. Ese es el arraigo que tienen en el territorio.

Mercado con mensaje incluido

Para la instalación formal del XI Congreso, al atardecer del viernes 5, se recreó el Mercado Campesino en la Plaza de Bolívar, el corazón político de Colombia. Se trató de representar la fuerza y la vitalidad de los campesinos colombianos, quienes alimentan a los que vivimos en las ciudades, al mismo tiempo que son protectores de la naturaleza, los ecosistemas, el medio ambiente y también son productores de cultura y de vida. El Mercado Campesino se hace una vez al año como una manifestación entrañable y pacífica por la soberanía alimentaria y contra políticas lesivas para el campo, como los tratados de libre comercio.

Soberanía alimentaria no es lo mismo que seguridad alimentaria. A grandes rasgos, esta última busca garantizar la oferta de alimentos, que pueden ser importados o no. La seguridad alimentaria no contesta la pregunta de qué ocurriría con las importaciones en caso de una guerra generalizada o de una crisis financiera de gran magnitud. La soberanía alimentaria es la capacidad de un país de producir sus propios alimentos de manera autónoma. 

A pesar de las adversidades que sufre el campo colombiano, la economía campesina produce el 60 por ciento de los alimentos que se consumen en Colombia. Eso es lo que buscan remarcar los Mercados Campesinos, donde se pueden adquirir, a precios módicos, productos frescos, traídos directamente por quienes los trabajan; pero, también, saborear ricos platos típicos en medio de un concierto de grupos de música campesina y de artistas que quieren mostrar su apoyo y solidaridad al campesinado. 

Observadores internacionales

Fensuagro es filial de la Central Unitaria de Trabajadores CUT; de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas, CLOC; del movimiento internacional Vía Campesina, y de la Federación Sindical Mundial. 

De hecho, a este congreso –el número 11- lo acompañaron delegaciones internacionales. Una de ellas es Justice for Colombia, organización no gubernamental con sede en Londres que fuera creada en 2002 por el movimiento sindical de Gran Bretaña, ante el hecho de que más de la mitad de los sindicalista asesinados en el mundo son colombianos. Por eso estuvieron en Bogotá delegados del sindicato agrario británico, del sindicato del acero y del sindicato de auxiliares de vuelo de British Airways, entre otros. 

También llegaron líderes sindicales de Estados Unidos y de Bélgica, y representantes de CLOC-Vía Campesina y del movimiento Sol Pachakuti, de España.
 
I Asamblea Nacional de Mujeres: noticia inédita

Las mujeres de Fensuagro están empeñadas en construir un feminismo campesino y popular, redefiniendo desde su propia perspectiva, por ejemplo, qué es violencia de género. O reflexionando si la lucha por los derechos de las mujeres del campo es contra los hombres, o contra el sistema que suele darles sólo a ellos los títulos de propiedad sobre la tierra, dejando expósitas a las mujeres. 

En un país donde, parece, los “héroes” son hombres dedicados a la guerra, Nury Martínez, miembro de la junta directiva de Fensuagro, ha aprovechado sus giras para recoger retazos de historia de las heroínas del pueblo, que viven en la memoria de la Colombia profunda: mujeres rurales que desde comienzos del siglo XX lucharon por la tierra, contra el desplazamiento, por los derechos campesinos y por el lugar que tienen las mujeres en esos derechos. 

Como reflejo del avance y empoderamiento de las mujeres de Fensuagro, por primera vez en la historia de esta federación las campesinas afiliadas eligieron a sus representantes para que se reúnan en un espacio propio, la I Asamblea Nacional de Mujeres. 

Entre 200 y 250 delegadas sesionaron durante todo el día 5 en un hotel de la capital colombiana, y empalmaron, al caer la tarde, con la instalación del XI Congreso en la Plaza de Bolívar. La asamblea acordó una posición consensuada, de género, para llegar al XI Congreso. 

I Asamblea Nacional de Jóvenes

Los jóvenes de ambos sexos son, sin dudas, los más afectados por el conflicto armado y por las políticas contra el campesinado que practican sucesivos gobiernos en Colombia. La declaración política final asegura que esto tiene su lógica, pues “la guerra sigue siendo el principal instrumento de despojo y concentración de riqueza” en Colombia.

De ahí la importancia de que durante la mañana del día 6, 150 delegados y delegadas entre los 14 y los 35 años debatan qué hacer ante la guerra que, aunado al modelo de desarrollo rural, quiere expulsarlos hacia las ciudades, en un clima creciente de deslaboralización y privatización o debilitamiento de la educación pública superior, que les roba las perspectivas de vida digna. La declaración final asegura que -según el propio Gobierno- “solo 86 mil hectáreas de 10 millones que les han sido robadas a los campesinos por los narcolatifundistas han sido devueltas”. Otro punto clave en la discusión de la I Asamblea Nacional de Jóvenes de Fensuagro fue el derecho a la objeción de conciencia ante el servicio militar obligatorio no sólo para jóvenes de ciudad, como se ha logrado hasta ahora, sino también para los campesinos.

De esta forma, 400 portavoces del campo, sin intermediarios, discutieron la crisis de carácter estructural en que se encuentra el campo colombiano, pues son conscientes de que “la violencia y la persecución sistemática contra los campesinos y pueblos indígenas, no es un hecho reciente; estas se remontan a los primeros años del siglo pasado, que se prolongaron durante todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI”. 

De cara a la coyuntura, el XI Congreso asegura que el actual conflicto armado tiene sus raíces en las causas históricas de la violencia, la persecución política y despojo contra los pobladores rurales y la abierta intervención foránea, aspectos todos que el país debe discutir y trabajar de verdad-verdad si quiere transformar la realidad nacional.