Carta a quien quiso reivindicar el derecho a la alegría

Documental sobre Héctor Abad Gómez no solo habla del líder asesinado, habla también de un país que silencia a quienes piensan diferente. 

Por: Natalia Riveros Anzola
Coordinadora de comunicaciones de Reconciliación Colombia

 
Esa era la consigna de Héctor Abad Gómez: la persona que más extrañan su hijo Héctor Abad Faciolince, su esposa y sus hijas; reivindicar el derecho a la alegría y defender el derecho a la vida. Deseo loable para un país que en los años 70, como en la actualidad, desaparecía a quien pensaba diferente, tildaba de comunistas peligrosos a cientos de hombres y mujeres que luchaban por causas sociales respetables en una sociedad inequitativa e injusta, como la de ahora.
 
No han faltado y no faltarán los elogios y las buenas palabras para describir a este antioqueño que fue asesinado el 25 de agosto de 1987 por, como dijo su gran amigo Carlos Gaviria, “ser un ciudadano impecable”. Tampoco faltaron los apelativos de comunista y marxista, con los que descalificaron constantemente a Abad Gómez en esta región colombiana, marcada por su pensamiento conservador y rezandero (a su abuelo lo excomulgaron por haber entrado montado a caballo a una iglesia en Jericó, pueblo de Antioquia). Sus constantes denuncias en el Concejo sobre temas tan necesarios como mantener a la población saludable, lo mantuvieron en un espiral de conceptos que para la época parecían subversivos  y peligrosos.
 
Carta a una sombra, la película de Daniela Abad (su nieta) y Miguel Salazar, rescata del olvido a este médico y catedrático de la Universidad de Antioquia. Logra traer al recuerdo sus palabras, sus viajes y sus grandes pasiones como cultivar flores, rosas y amigos.
 
Esta película no sólo habla de Abad Gómez; le da voz a sus hijos y a su esposa, sobrina del Arzobispo de Medellín y quien dice haberlo querido con locura. Igualmente deja en evidencia lo poco que ha cambiado este país, que continúa silenciando a quienes encabezan causas sociales necesarias, que sigue sin entender la necesidad de movilizarse más allá de la indignación generalizada, que tilda de enemigo y de peligroso a quien se acerca a los desprotegidos.
 
Eso es Carta a una sombra: no sólo un recordatorio de un hombre que murió asesinado por haber denunciado, defendido y confiado; sino una fotografía que parece repetirse en nuestros días. Un recordatorio para un país en donde nos falta acercarnos, conocernos y oírnos sin matarnos, un país donde las ideas parecen más peligrosas que las armas, y donde, volviendo a las palabras de Abad Gómez, entendemos que “el peor enemigo del ser humano es el ser humano”, en tanto todo quien piense diferente no merece seguir opinando.
 
Héctor Abad Gómez, a través de su hijo Héctor Abad Faciolince, recorre los senderos a caballo, se toma un aguardiente en el camino hacia Jericó, vuelve a leer las notas que hacía en sus libros. Vuelve a escucharse en una grabadora comprada en Singapur, escribe nuevamente en el periódico El Colombiano, entra a una cabina de radio y canta boleros y tangos. En Carta a una sombra, se tiene la oportunidad de recordarlo, leerlo y entender un amor de padre e hijo, que en palabras del escritor “los padres no aman igual a todos sus hijos. Aman a quienes más los aman a ellos porque al final, son quienes los necesitan más”.