Un mosaico de fe por la paz de Colombia

200 personas de diferentes religiones se congregaron en la Plaza de Bolívar para orar por la paz del país en un evento convocado por varias iglesias y confesiones.

15 de julio de 2015

Un mapa de Colombia pintado en el piso de la esquina suroccidental de la Plaza de Bolívar en Bogotá, fue el centro de un evento en el que representantes de varias confesiones religiosas y espirituales hicieron de forma conjunta ‘Un llamado de fe por la paz de Colombia’.

Al menos 200 personas se congregaron a su alrededor para prender velones, orar y cantar. Eso sí, cada uno desde su fe y apelando a su creencia particular. Por eso, la plaza se convirtió en un mosaico de padrenuestros, oraciones cristianas, lecturas del Corán, mantras y letanías que tenían un mismo propósito: pedirle a Dios (o al ser supremo en el que cada uno cree) por la paz del país.

“A pesar de que nosotros tenemos diferencias en nuestras formas de pensar y en nuestras prácticas, tenemos un objetivo común, y eso nos permite estar hoy aquí, reunidos en comunidad”, explicó Adriana Peña, de la comunidad Hare Krishna de Bogotá.

Ella pudo dirigir unas breves palabras a los asistentes desde  una tarima habilitada frente a la sede de la Alcaldía de Bogotá, al igual que lo hicieron representantes de las diferentes iglesias. El pastor menonita Pedro Stucky, por ejemplo, pidió orar por el proceso de paz y Juventino Martinez, representante de la comunidad musulmana de Bogotá, leyó un aparte del Corán.

También habló la Iglesia Católica. El padre Darío Echeverri, secretario general de la Comisión Nacional de Conciliación de la Conferencia Episcopal, rezó la oración conjunta que los negociadores del Gobierno y las Farc realizaron junto a la primera comisión de víctimas que viajó a La Habana, en la cual él estuvo presente como facilitador: “Señor, hazme un instrumento de tu paz, que donde haya odio siembre yo tu amor…”.

Y el padre jesuita Francisco de Roux, quien desde hace varias décadas viene trabajando con las comunidades más afectadas por la violencia, reiteró su llamado a que el Gobierno y el ELN se sienten a dialogar en una mesa de conversaciones formal.

“El ELN ha dicho que nos quiere acompañar en este esfuerzo de construir país, pero con las armas. Nosotros queremos decirle que sí queremos que nos acompañen, pero que las armas tienen que desaparecer de Colombia, porque el pueblo colombiano está gritando que no hayan más armas ni más víctimas”, dijo.

También hubo música y arte. Representantes de varias iglesias subieron a la tarima y entonaron canciones por la paz, mientras un grupo de jóvenes presentó una breve obra de teatro en la cual hablan del dolor de las víctimas del conflicto.

“Este es un símbolo de unidad. Tal vez si la gente ve que quienes representan a las diferentes religiones pueden  dejar atrás sus diferencias por un fin común, piensen que ellos también lo pueden hacer”, dijo esperanzado el pastor Pedro Stucky.  

Un trabajo interreligioso

Esta no es la primera vez que diferentes comunidades religiosas se unen por la paz del país. Ya lo habían hecho convocados por Reconciliación Colombia e incluso publicaron una carta escrita en conjunto que fue enviada a la Mesa de Conversaciones de La Habana. Una carta que fue leída en medio del evento en la Plaza de Bolívar.

Varios de los asistentes reconocieron la importancia del trabajo interreligioso por la paz de Colombia, sobre todo teniendo en cuenta la importancia de muchas iglesias en las regiones más afectadas por el conflicto armado.

“En este momento está ocurriendo algo muy importante. Estamos hablando todas las religiones y algunas espiritualidades para decirle unidos a los actores armados que no hay necesidad de cargar un arma y que puede haber un cambio de vida”, cuenta el reverendo Dayro Aranzales de la Iglesia Presbiteriana de Colombia.

Para Juventino Martinez de la comunidad musulmana, las iglesias pueden jugar un papel importante para pedirle al ser humano que cambie. “Que abandone su arrogancia, que abandone ese ego. Cuando se le baja ese humo, el hombre busca la paz de inmediato”, agrega.

Pedro Stucky dice que  normalmente las iglesias tienen sus agendas, y que en ellas algunas veces el bienestar del país se queda en el tintero. “Por eso es importante que nosotros como confesiones de fe nos unamos alrededor de algo que está en el corazón de Dios y es una necesidad para nuestro país”.

Ese trabajo de varias confesiones ha tenido sus frutos. Incluso los negociadores de las Farc en La Habana hablaron de la carta y propusieron que las iglesias fueran veedoras del cese al fuego bilateral. Ese mensaje llegó a los líderes y algunos dicen que ya están trabajando para poder cumplir esa misión. “Estamos esperando que el Gobierno nos dé luz verde para acompañar ese proceso”, dice el reverendo Aranzales.

Todos coinciden en que el papel de las iglesias es clave. No sólo porque en muchas regiones los líderes religiosos son quienes están con las comunidades que sufren los estragos de la guerra, sino también porque como dice Francisco de Roux, la crisis de Colombia es, más que todo, espiritual. Y para recuperar al país de una crisis de esas características, es necesario que los líderes espirituales de los colombianos tengan un mismo norte en materia de paz y reconciliación.