En la cancha, los únicos bandos que cuentan son los del juego

Este martes comienza la III Copa de Voleibol Sentado, en la que participan 12 equipos cuyos miembros son personas en condición de discapacidad. Algunos son civiles, otros militares y otros desmovilizados de guerrilla y paramilitares. Pero, a la hora de jugar, no hay ninguna diferencia.
 
Julio 17 de 2015
 
Los miembros del Club Deportivo Disfad (Discapacitados con Fe y Amor al Deporte) entendieron por qué la suya era una experiencia de reconciliación el día que mataron a uno de sus miembros.

Él, que fue asesinado en un hecho relacionado con fronteras invisibles, era un desmovilizado de la guerrilla, pero sus compañeros, algunos de los cuales son miembros de la Fuerza Pública, ni siquiera lo imaginaron mientras estuvo con vida.


Para ellos era solo un integrante más del equipo, que además había encajado bastante bien en el grupo.

En la III Copa de Voleibol Sentado, que comienza el martes en Cali, entre los 144 participantes distribuidos en 12 equipos hay miembros de la Fuerza Pública, desmovilizados de la guerrilla y de los paramilitares, pero no se preocupan por averiguarlo.

En la cancha no hay diferencias, explica Fernando Aguirre, fundador de Disfad.

“Es muy interesante cuando uno se encuentra en una cancha y ve que en un lado están unos de un bando y de otro bando entre comillas y ya no van a diferenciar sus problemas con armas de fuego sino con un balón”, explicó Aguirre en el video con el que Disfad se presentó a la convocatoria RecOn, de la Federación Nacional de Personeros (Fenalper), con la cual se buscaba promover iniciativas de reconciliación en todo el país.  Disfad fue la iniciativa ganadora en la categoría de adultos.

Aguirre, que ha practicado el deporte toda su vida e hizo parte durante 10 años de la Selección Valle de Voleibol, sufrió un accidente cuando adelantaba un curso de rescate. Debía atravesar un abismo de casi dos kilómetros por un cable, que se rompió cuando él lo estaba cruzando. Cayó 120 metros.

“Apenas me desperté, me dijeron que no podía volver a caminar”, dice. Desde ese momento decidió convertir todos esos ‘No puede’ que le decían en ‘Sí puedo’. Le dijeron que no podía nadar o manejar un vehículo o trabajar y todo eso lo volvió a hacer.

Disfad nació cuando conoció, en un curso de buceo, a un teniente en rehabilitación, que le propuso llevar la natación a la III Brigada del Ejército para contribuir a la recuperación de los soldados afectados por minas.

Desde ese momento, el objetivo de la organización ha sido promover el deporte como una herramienta para que personas en discapacidad no solo física, sino también cognitiva, puedan recuperarse.

“Quien primero rompe las barreras es uno mismo. La diferencia entre una persona con discapacidad que practica deporte y la que no lo hace es abismal. El deporte les permite salir de su burbuja de seguridad”, dice Aguirre.

“Los hacemos sentir como en familia, en equipo y los acogemos de una manera tal que compartamos la desgracia que en algún momento para todos fue igual y tratamos de que se despojen de esos sentimientos de culpa o de rencor y meternos en el sentimiento deportivo”, agregó en el video uno de los miembros del equipo.

El voleibol sentado tiene las mismas reglas que el voleibol tradicional, con la única diferencia que la malla está a 1,15 metros para los hombres y 1,10 para mujeres y en el momento de golpear la bola al menos uno de los glúteos del jugador debe estar pegado al piso.

El próximo año, Colombia participará en los Juegos Paralímpicos de Río, por primera vez en la categoría de voleibol sentado. Algunos de los jugadores que participarán en esta copa podrían hacer parte del equipo colombiano.

Aguirre resume en una frase por qué la labor de Disfad es un ejemplo de reconciliación. “Tu reconcilias con el solo hecho de no discriminar”.