De guerrillero a soldador

Un hombre que aprendió a soldar para hacer la guerra, ahora usa ese conocimiento para trabajar en la legalidad. 

29 de julio de 2015

Cuando Arnulfo* estaba en el ELN no sólo aprendió a cargar un arma, a tragarse el miedo y a enfrentar al enemigo. Durante los seis años que duró en el monte también tuvo la oportunidad de soldar y, sin saberlo, así definió lo que sería su vida después de la guerra.

Tenía 15 años cuando entró a la guerrilla. Entonces era un joven de cuarto de primaria que vivía en El Charco (Nariño) y que, según cuenta hoy, se dejó enceguecer por el ímpetu y los deseos de su adolescencia. “Me creía un superhéroe”, dice ahora, con 27 años encima y mucha más experiencia. Tanta, que parece de 35.

En aquella época, cuando andaba con un fusil al hombro, se encontró una granada y, por curiosidad, aprendió a desarmarla. Desde entonces su trabajo fue hacer granadas y sembrar minas. Luego de un tiempo se ganó la confianza del comandante y terminó trabajndo en los talleres y arreglando el armamento.

"Al tiempo fui sintiendo el cansancio y fue cuando me di cuenta que estaba en el camino equivocado. Yo perdí lo que nunca voy a recuperar que es estar al lado de mi familia. El tiempo que pasa uno nunca lo recupera", cuenta.

Por eso decidió desmovilizarse y hoy vive en el municipio de Mallama, al sur de Nariño. Una zona rodeada por montañas de verdes de muchos colores, en donde el conflicto armado se mantiene sin fecha de caducidad.

"La reintegración es una oportunidad más de vida, de estar en la libertad, de compartir con la familia, de las amistades, de poder pasear porque uno ya es libre sin necesidad de que a uno lo manden", asegura.

En el pueblo tiene su taller de cerrajería. Allí aplica lo que aprendió de soldadura cuando andaba en los talleres de la guerrilla. La diferencia es que ahora, alejado de las armas, hace ventanas, portones y elementos por el estilo.

Incluso hace trabajos para la alcaldía de su pueblo. El alcalde, Giovanni Melo, lo conoce y dice es un muchacho "sano, sociable, que se ha vinculado fácilmente  a la comunidad, se ha hecho querer y es responsable".


Y por esa constancia le han salido negocios, como el hacer cerramientos de polideportivos, cubiertas para graderías, y puertas de los salones culturales de las veredas. El último es el de hacer todos los ventanales del ancianato del pueblo. 

Arnulfo está contento y esperanzado en que esta nueva vida se mantenga.  "En este momento lo único que pienso es en coger un soldador. Ya no pienso en nada de armas. No me gustaría repetir esa vida ni que otras personas pasen por esto", dice.


* nombre cambiado a petición de la fuente