Conflicto y reconciliación en el mundo del trabajo

Si el camino para resolver conflictos es la represión y la violencia, las organizaciones sindicales y la misma sociedad corren el riesgo de ser inviables. La evidencia muestra que donde hay sociedades sindicalizadas, las sociedades son más equitativas y pacíficas.
 
Por Carlos Julio Díaz Lotero
Director la Escuela Nacional Sindical –ENS-
Especial para Reconciliación Colombia
 
30 de julio de 2015
 
Una causa de peso para que nuestro país sea uno de los más desiguales y violentos del mundo es la dificultad que tenemos para tramitar las diferencias mediante el diálogo en el mundo laboral y en la sociedad. En el primero de los casos, los convenios laborales resultan ser marginales porque el diálogo social para resolver los conflictos en el mundo del trabajo también lo es. En el segundo de los casos, una de las explicaciones por las cuales el diálogo social para tramitar los conflictos es marginal está en que los trabajadores afiliados a sindicatos representan en Colombia menos del 5 por ciento de la población ocupada. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que el diálogo social exige sindicatos fuertes y autónomos.
 
Las organizaciones sociales aportan en la discusión de la redistribución de la riqueza que crean las empresas, por lo que ayudan a la arquitectura de sociedades más igualitarias. La evidencia empírica muestra que donde hay mayor densidad sindical y cobertura de la negociación colectiva, las sociedades son más equitativas y pacíficas.
 
Para construir una cultura de diálogo útil y eficaz en las empresas y en la sociedad colombiana debe desaparecer el temor a ser sindicalista, es decir debe construirse un ambiente político que fortalezca las organizaciones sindicales.
 
También es necesario promover el diálogo social nacional, sectorial y local, tener una cultura de apoyo técnico para la negociación y superar las posiciones para dedicarse a trabajar en concreto por las necesidades e intereses de los trabajadores, de las empresas y de las personas.
 
Es una realidad que los trabajadores tienen como propósito mejorar sus condiciones de empleo y de trabajo, mientras que los empresarios buscan ganar dinero y aumentar el capital de sus negocios. Estos intereses encontrados son fuente permanente de conflictos y en muchas ocasiones escalan las confrontaciones ideológicas y económicas, lo que deteriora las relaciones laborales y el clima de las organizaciones.
 
El conflicto no debe asustarnos, pues hace parte de la convivencia humana. Donde hay personas hay diferencias, y donde hay diferencias hay conflictos. El conflicto en sí mismo no es bueno ni malo, el problema es cómo lo tramitamos. Si el camino para resolver conflictos es la represión y la violencia, las organizaciones y la misma sociedad corren el riesgo de ser inviables. Si el camino es el diálogo para buscar acuerdos, aumentamos la cohesión y la viabilidad de las empresas y de la sociedad. La paz no es la ausencia de conflictos, sino el tramite civilista de los mismos.
 
Como capital y trabajo son los factores que conjuntamente producen valor económico en la sociedad, empresarios y trabajadores, que tienen intereses diferentes que son causa de conflictos micros y macros, deben apoyarse en resolver toda situación basados en que también tienen intereses y propósitos comunes.
 
Así se creará un ambiente de cooperación para aumentar la rentabilidad y competitividad de las empresas con un entorno que permite satisfacer las necesidades de las partes. Una empresa en la que las relaciones administración–sindicato se basan en la confianza, el respeto, la transparencia, la autonomía, la participación, la consulta, la información compartida, el diálogo social y los acuerdos es más ágil ante cambios tecnológicos o condiciones en el mercado. Una empresa competitiva y rentable tiene más capacidad  con respecto a su sistema de compensación y las condiciones de trabajo.
 
Para crear un círculo virtuoso, el sector empresarial debe hacer sus aportes: promover una cultura de respeto a la legalidad laboral en su gremio, de respeto a las libertades sindicales, de tributación justa y de responsabilidad social con el país. El sindicalismo, por su parte, debe revisar su estructura fragmentada y, en su lugar, promover un crecimiento en estructuras centralizadas y una cultura democrática en sus procesos internos; debe acercar sus propuestas a las nuevas generaciones, distintas categorías de trabajadores y nuevas formas organizativas del trabajo.
 
Así mismo, los dirigentes gremiales y empresariales deben entender y apersonarse de los problemas en los lugares de trabajo para solucionarlos mediante el diálogo porque su resolución repercute en los procesos macro sociales y políticos. A su vez, los sindicatos deben articular sus reivindicaciones con la política.
 
La superación del conflicto armado que se negocia en La Habana puede ayudar a configurar un ambiente democrático en el que se puedan reclamar derechos sin ningún temor. Y el movimiento sindical puede en este contexto proponer una agenda que dignifique las relaciones laborales del país, que incluya una propuesta de política pública de reparación colectiva del sindicalismo, uno de los movimientos sociales más golpeados por la violencia y la intolerancia propios de nuestra realidad.
 
*Artículo obtenido con la colaboración especial de la Agencia de Información Laboral de la Escuela Nacional Sindical y la iniciativa Trabajo Decente, Vida  Digna.