Los nuevos desafíos de los campesinos de Mampuján

Las 111 familias que recuperaron sus predios en ese corregimiento hoy tratan de rehacer sus vidas, pero aún deben superar la falta de agua en medio de la sequía y la dificultad de retornar al antiguo casco urbano.

31 de julio de 2015 
Por José Vicente Guzmán, periodista de Reconciliación Colombia*
Foto: Guillermo Torres (Archivo Semana) - un grupo de jóvenes caminan por Mampuján nuevo.


Casi todas las casas de cemento que hoy se levantan en ‘Mampuján viejo’ están deshabitadas. A pesar de que fueron construidas hace poco por el Gobierno Nacional para que los habitantes de ese corregimiento de María La Baja (Bolívar) pudieran regresar a su pueblo, sólo nueve familias lo han hecho.

Las nuevas casas, grises y calcadas la una de la otra, están sobre la maleza. Desocupadas. A su alrededor aún sobreviven algunas ruinas del antiguo pueblo, ese que fue abandonado por cerca de 245 familias luego de ser amenazadas de muerte por los paramilitares, que se arrepintieron de matarlos en el último momento de ese fatídico 10 de marzo del año 2000 (Lea la historia del desplazamiento de Mampuján y sus tejedoras).

Y aunque la mayor parte de esas familias que salieron desplazadas visitan todos los días el lugar que fue su hogar, dicen que la construcción de las casas no es suficiente para regresar.

Para Argemiro Masa Contreras aún hacen falta garantías.  Él vive en el ‘Nuevo Mampuján’, un lote a las afueras de María La Baja que fue donado por un sacerdote italiano para que se establecieran los habitantes que habían salido de sus hogares, y que ahora es un nuevo pueblo en el que viven 130 familias.

“Estamos esperando que nos hagan un puente y que se den las condiciones. El viejo puente se cayó por una creciente en el arroyo. Además como ya no había habitantes se estaban robando las redes de energía y el sitio se quedó sin servicio eléctrico”, cuenta.

La construcción del puente y de 21 viviendas que faltan ya comenzó, pero aún hace falta que se concrete la instalación del servicio eléctrico. Hasta que no esté listo, los campesinos dicen que no regresarán.

Argemiro, como varios de sus vecinos, es beneficiario de la primera sentencia de restitución de tierras que se dio en Colombia. La que ordenó al Incoder devolverles sus tierras a varios campesinos de Mampuján y formalizar sus títulos de propiedad.

Desde ese momento se dio un retorno laboral a la zona. Los campesinos van y trabajan sus tierras, pero no se quedan a dormir en el lugar.

Roberto López Polo, por ejemplo, todos los días tiene que tomar un bus que lo lleve al viejo pueblo, que está más cerca del terreno que ahora le pertenece, y cuando acaba el día, vuelve a tomar transporte público para llegar a su casa. Un recorrido que hace con sus tres hijos y que cada día lo obliga a gastar 12.000 pesos. Por eso, está dispuesto a volver apenas se den las condiciones.

Roberto siembra ñame y maíz, y gracias al acompañamiento de la Unidad de Restitución de Tierras ha recibido materiales e insumos para trabajar su tierra y dinero para comprar semillas de ñame mejorado, las que más le gustan.

Y es que la mayoría de los campesinos beneficiados por la sentencia en Mampuján pudieron rehacer su actividad económica gracias a las ayudas del Gobierno, que ascienden a 2 mil 500 millones de pesos. Nicolás González, otro de los campesinos, pudo comprar 45 cabezas de ganado y ahora produce leche. Y Argemiro, al igual que Roberto, tiene maíz, yuca y ñame. En total, son 111 las familias beneficiadas.

Sin embargo, este año apareció un fenómeno  no esperado
por las comunidades que ha afectado los cultivos y ha dañado parte de la producción: la sequía.

El problema del agua

Según los pobladores de Mampuján, la sequía durante este año (2015) ha sido tan dura, que algunas de las semillas de yuca y ñame se secaron y no están dando producción. “Este año llueve y demora 15 o 20 días sin llover. Y lo que cae son paramitos (pequeñas lluvias), cuenta Nicolás González.

El tema es preocupante porque ninguna de las familias tiene acceso a un sistema de riego. “Algunos tienen motobomba, pero el agua está muy distante y las mangueras no alcanzan”, explica Argemiro, quien dice que no les queda sino atenerse a “lo que Dios quiera, porque no tenemos manera de defendernos”.

Ricardo Sabogal, director de la Unidad de Restitución de Tierras, reconoce que la falta de sistema de riego es grave. “Colombia tiene una deuda histórica con el campo. Lo de Mampuján es una parte exitosa del proceso de restitución, pero a esa comunidad le hacen falta nuevos instrumentos. El distrito de riego es responsabilidad del Incoder”, dice.

El problema es más grave de lo que parece. El portal VerdadAbierta.com denunció que en la zona sí hay un distrito de riego, pero este es usado exclusivamente por los cultivos de palma de aceite que se encuentran en la zona plana de María La Baja. 

Lo cierto es que mientras vuelven las lluvias, se llega a un acuerdo entre los palmicultores y los pequeños agricultores, o se construye un distrito de riego en la zona alta del municipio, los campesinos tienen menos productos para comercializar en ciudades como Cartagena y Barranquilla.

La nueva generación

Mientras tanto, varias de las mujeres del pueblo, reconocidas nacional e internacionalmente por los tejidos con los que empezaron a hacer memoria y a sanar sus heridas espirituales, quieren aportar económicamente y comercializar algunos de los productos.  

No sólo sus tejidos artesanales, que hoy son famosos y se exponen en el Museo Nacional y en distintas instituciones como ruta a seguir,  sino también derivados de los alimentos que siembran sus esposos y que producen de forma artesanal: frutas en almíbar, mermeladas, yogures, arequipe, suero costeño, dulces autóctonos, butifarra (embutido de carne que se produce en la Costa Atlántica) y cereales.

“Tenemos la marca de Tejedoras de Mampuján, pero nos hace falta el registro Invima. Eso lo estamos trabajando con la Unidad de Víctimas. Esto es lo que no nos ha permitido comercializarlo con más libertad”, dice Juana Ruiz, líder de este grupo de mujeres.

Actualmente están negociando con Hoteles Estelar, una empresa que se mostró interesada en exhibir sus productos en los hoteles que tienen en las principales ciudades del país. Pero para eso necesitan conseguir una empresa de transporte que les lleve el producto hasta Bogotá. No han tenido éxito porque los envases de sus productos son en vidrio y ninguna transportadora asume el riesgo de que se rompan.

Juana y su esposo actualmente no tienen tierra porque cuando fueron desplazados aún eran jóvenes y no tenían propiedad. Ahora, buscan que el Incoder compre algunos terrenos y se los entreguen con subsidios similares a los que recibieron los beneficiarios de la restitución.

Pero ellos al menos quieren volver. Pues el otro problema que enfrentan algunas familias que hoy viven en el Nuevo Mampuján, es que las nuevas generaciones no quieren regresar al antiguo pueblo.

“Los mayores somos los que tenemos más deseos de venirnos. Porque luego de 15 años de desplazamiento, los muchachos que tenían 7 u 8 años ya han hecho su vida allá, trabajando en graneros o como moto taxistas y ya no quieren asumir la vida que vivíamos nosotros, que es un poco dura”, explica Argemiro.

Además, el nuevo pueblo queda más cerca de los colegios del municipio, por lo que los jóvenes ahora son bachilleres y su ilusión, luego de graduarse, es ir a trabajar en la ciudad.

Argemiro lo entiende como algo normal luego del desplazamiento y de rehacer sus vidas en otro lugar, más lejos del campo y más cerca de los cascos urbanos. Además, el hecho de que haya más bachilleres es algo positivo en medio de la tragedia.

Él lo explica con un refrán popular, que también podría aplicarse al hecho de que ahora que formalmente son dueños de sus propias tierras tienen que batallar contra una sequía monumental: “el mal tiene su bien y el bien tiene su mal”.


*Visita a terreno lograda con la invitación de la Unidad de Restitución de Tierras, y en el marco del ‘Taller Internacional sobre Restitución de Tierras en contextos de transición’, apoyado por AECID, OIM, APC y el Banco Mundial.