Hace 70 años el mundo conoció la magnitud de la amenaza nuclear

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 a.m. fue arrojada sobre Hiroshima la primera bomba atómica en la historia de la humanidad. Tres días después, otro artefacto de este tipo arrasó la ciudad japonesa de Nagasaki. Desde ese momento, el mundo conoció el horror que significa el uso de este tipo de tecnología para matar.

Agosto 6 de 2015
Foto: Archivo Semana

Los sobrevivientes de la explosión atómica describieron el estallido como un poderoso destello, una luz intensa que lo invadió todo e hizo que el mundo prácticamente se detuviera por unos instantes.

Días después, todavía había fuego por toda la ciudad y la gran mayoría de los edificios estaban destruidos. Miles de personas murieron instantáneamente, otros fueron víctimas de graves quemaduras, deformaciones y cáncer. Se calcula que en total hubo más de 240.000 víctimas civiles.

El 6 y el 9 de agosto de 1945 fueron arrojadas, sobre Hiroshima y Nagasaki, las únicas bombas atómicas que se han lanzado en la historia de la humanidad.

En Japón, el aniversario será conmemorado en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, construido en 1954 en el lugar de la explosión, con un llamado a que lo ocurrido allí nunca más vuelva a pasar.

“Como único pueblo atacado por una bomba nuclear, tenemos la misión de conseguir un mundo sin armas nucleares”, afirmó el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

Se calcula que hoy en día existen en el mundo 15.695 bombas de este tipo que, potencialmente, tendrían la capacidad de destruir todo el planeta.

El uso de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, sobre el cual existe un gran debate histórico sobre si realmente era necesario recurrir a ellas para parar la guerra como aseguró en ese momento el Presidente de Estados Unidos, Harry Truman, abrió una amenaza para el mundo, que aún hoy no se cierra.

Por más de 40 años, esta amenaza estuvo en el centro de la Guerra Fría, entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que llevó a un crecimiento en el armamento militar de las dos potencias, que creían en ese momento que ese era su único factor disuasivo para evitar una guerra.

Con el fin de la Guerra Fría, la amenaza nuclear se redujo, pero no desapareció.

Las ojivas nucleares en poder de las antiguas repúblicas soviéticas se convirtieron en un riesgo, el número de países diferentes a EE.UU y Rusia que han accedido a esta tecnología ha ido aumentando y la posibilidad de que grupos terroristas accedan a ella ha dejado de ser ciencia ficción.

Nada más ayer,  el Presidente de EE.UU., Barack Obama, explicó que el pacto nuclear que firmó con Irán, que ha sido rechazado por Israel,  es la única alternativa para evitar una guerra en el Medio Oriente.

Recientemente, en un artículo propagandístico, el Estado Islámico especuló sobre lo fácil que sería para ellos obtener una bomba atómica.

Robert Openheimer, considerado el padre de la bomba atómica, aseguró que después de ver la primera explosión de una bomba nuclear en Nuevo México se le vinieron a la mente unas palabras del Bhagavad Gita, texto sagrado del hinduismo: “Ahora me he convertido en la muerte, destructor de mundos”.