¿Cómo podría ayudar la iglesia católica a aliviar el conflicto entre las dos Coreas?

El crecimiento de la población católica en Corea del Sur y el deseo del Vaticano de tender puentes con los católicos de Corea del Norte podrían jugar un papel clave en la reconciliación de ambos países.

28 de agosto de 2015

El catolicismo en Corea del Sur crece a pasos de gigante. Mientras que en 1960 había cerca de 500.000 católicos en ese país asiático, en este momento ya son casi 5,5 millones y representan el 11 por ciento de toda la población.

Ese crecimiento y el papel preponderante que empieza a jugar la Iglesia Católica en la zona podrían ser útiles para aplacar el conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur, que se extiende desde la guerra fría. O al menos eso dicen varios analistas que han visto varias señales en ese sentido en los últimos meses.

La primera se dio durante la visita del Papa Francisco a Seúl (capital de Corea del Sur) en agosto del año pasado, donde uno de sus mensajes más recurrentes fue sobre la reconciliación entre los ciudadanos de ambos países.

“Den un testimonio convincente del mensaje de reconciliación de Cristo en sus hogares, en sus comunidades y en todos los niveles de la vida nacional”, les dijo el Papa. “Estoy seguro de que en un espíritu de amistad y cooperación con otros cristianos, con los seguidores de otras religiones, y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que se preocupan por el futuro de la sociedad coreana, ustedes serán un fermento del Reino de Dios en esta tierra”.

El mensaje del máximo líder de los católicos podría calar más profundo. Sobre todo porque según un estudio del Instituto de Investigación Budista publicado el año pasado, para 2044 el 56 por ciento (más de la mitad) de la población surcoreana sería católica.

La segunda señal tiene que ver con Corea del Norte, un país comunista en el que se restringen varias libertades personales. Cuando el conflicto entre ambos países empezó, muchos católicos huyeron del régimen que se impuso en el norte y otros cuantos fueron perseguidos.

Pero todo parece indicar que la iglesia quiere empezar a tender puentes más formales con ese país y con los católicos que aún viven en el norte.  En la misma visita a Seúl, el Papa Francisco mandó un mensaje a todos los países de Asia que no tiene relación con el Vaticano para comenzar un diálogo de hermanos, y les dijo que los cristianos “no llegan como conquistadores”.

Corea del Norte es uno de los 17 países del mundo que no tiene relaciones formales con el Vaticano. Así como China, Laos y Vietnam.

A pesar de eso, en el norte hay presencia católica, muchas veces de forma secreta. El arzobispo de Seúl, por ejemplo, también es administrador apostólico de Pionyang, y hay casos como el de Fray Gerard Hammond, un misionero que vive en Corea del Sur desde 1960 y que desde hace 20 años ha viajado unas 50 veces a Corea del Norte para llevar ayuda humanitaria.

Además, se rumorea que el Vaticano podría canonizar al obispo Francis Hong Yong-ho, uno de los sacerdotes católicos desaparecidos por el gobierno de Corea del Norte en 1949. Para algunos medios extranjeros esa es una manera de despertar el catolicismo en el norte y de ayudar al trabajo de las misiones católicas en ese país.

Lo cierto es que mientras el catolicismo crece en el sur, el Vaticano intenta tender puentes con el norte. Una jugada a dos bandas que podría servir para, al menos, sembrar una primera semilla de reconciliación entre la población de dos países que viven prácticamente en estado de guerra fría desde el final de la Segunda Guerra Mundial.