¿Quién mató a Aylan Kurdi?

La foto de Aylan Kurdi de tres años, muerto en una playa turca, ha provocado una enorme indignación en el mundo. No solo es la guerra, que obligó a huir a su familia; es la indiferencia de una comunidad internacional que se ha quedado para resolver el problema de los refugiados.
 
Septiembre 3 de 2015
 
Aylan Kurdi, de tres años, murió junto a su hermano, Galip, de 5, y su madre, Rehan, de 35, en una playa turca cuando naufragó la embarcación en la que intentaban llegar a Grecia, en busca de refugio para la guerra en Siria.

El único sobreviviente de la familia, fue su padre, quien relató cómo sus hijos se le escaparon de las manos, cuando el barco empezó a hundirse. En total, 12 refugiados sirios murieron en el naufragio.

La imagen de Aylan, muerto boca abajo sobre la playa, tomada por la fotógrafa Nilüfer Demir, le dio la vuelta al mundo y ha provocado una enorme conmoción sobre un drama ampliamente conocido, pero que hasta ahora no había sido visto con toda su crudeza.

¿Qué ocurrió para que Aylan y su hermano, en una edad en la que solo deberían pensar en juegos y fantasías, terminaran muertos en una playa turca? ¿Quiénes son los responsables de que eso haya ocurrido?

Su padre, Abdullah, tuvo que pagar 4 mil euros, con dinero prestado, para que su familia se pudiera montar en una embarcación de 5 metros que, en condiciones muy precarias, viajaba de Bodrum, en Turquía, a Grecia.

Según relata el diario británico Telegraph, la familia de Aylan, de origen, había tenido que desplazarse en varias ocasiones huyendo del conflicto en Siria.
Abdullah, que era peluquero en Damasco, escapó con su familia a Aleppo, en 2012. Cuando la confrontación entre el régimen de Bashar Al Assad y el Estado Islámico llegó hasta allí, tuvieron que huir hacia Kobane, en donde los enfrentamientos los expulsaron de nuevo hacia Turquía.

La familia Kurdi intentó sin éxito buscar asilo en Canada. Incluso, Teema, hermana de Abdullah, quien trabaja como peluquera en Vancouver, apoyó su solicitud, junto con unos vecinos que le ayudaron a pagar los depósitos bancarios que se requerían, pero el trámite no funcionó.

"Yo incluso les pagaba el alquiler en Turquía, pero es horrible el modo en que tratan a los sirios allí", dijo Teema, al  National Post.

El desespero los empujó a subirse en un bote. Y no han sido los únicos. Según cifras de Acnur, más de 2.500 personas han muerto en lo que va de este año tratando de cruzar el Mediterráneo.

El presidente turco Tayyip Erdogan ha acusado a Europa de esta tragedia.
 
"Los países europeos que han transformado el Mediterráneo en un cementerio de migrantes comparten la responsabilidad de cada refugiado muerto", declaró, en referencia a la foto de Aylan.

Los países europeos se debaten entre la necesidad de no permanecer indiferentes a este drama y su preocupación por mantener la seguridad de sus fronteras.

La propuesta de la Comisión Europea es que se eleve a 120 mil el cupo de demandantes de asilo que podrían ingresar y serían reubicados en los diferentes países.

Pero esta medida, que para algunos es insuficiente, no tiene respaldo de todos los países de la Comunidad, algunos de los cuales son reacios a la posibilidad de recibir más inmigrantes.

La frustración que ha producido el manejo de esta crisis en Europa y el estupor que provocó la foto de Aylan, lo resumió Elena Valenciano, presidenta de la subcomisión de Derechos Humanos de la Eurocámara, en una columna que escribió para El País

“Es la imagen del fracaso de todos que ya no borraremos nunca de nuestra historia. Millones de adultos y de niños y niñas sirios necesitan refugio y los países europeos están obligados a dárselo, según todas las normas internacionales y comunitarias. Hasta ahora, Turquía, Líbano y Jordania con escasa ayuda internacional y muchas dificultades, son los países que les han dado cobijo. Pero hoy, el éxodo, a un ritmo desconocido, es imparable y ha llegado a Europa".

“Viviremos muchos años con los refugiados, no menos de una generación. Cuanto antes lo comprendamos, mucho mejor. Habrá que atenderlos, protegerlos, acogerlos e integrarlos en nuestras sociedades. No existirán nunca muros o alambradas que sujeten el impulso humano por sobrevivir y por intentar salvar a los seres queridos. Antes que pasar décadas bajo las bombas y el miedo o esperar a que tus hijos crezcan bajo un plástico blanco en medio de la nada, la gente buscará cualquier vía de esperanza. Nosotros haríamos lo mismo. En tanto haya guerra y violencia en nuestras puertas -e incluso años después de que se haga la paz- habrá refugiados en Europa”.