¿Qué pueden esperar las mujeres de la paz?

Reconciliación Colombia les preguntó a algunas de las representantes de organizaciones de género que han estado en La Habana si creen que sus visitas van a tener algún efecto práctico en los acuerdos con las Farc.

3 de septiembre de 2015

Mientras el proceso de paz en La Habana avanza con acuerdos y decisiones para desescalar el conflicto, un grupo conformado por las negociadoras del Gobierno y de las Farc viene haciendo un trabajo silencioso pero importante.

Se trata de la subcomisión de género, que desde el año pasado tiene la misión de garantizar que los documentos finales del acuerdo de paz tengan incluidos puntos concretos que atiendan las demandas de las mujeres y de los LGTBI.

Hasta el momento su trabajo ha sido escuchar a expertos y a mujeres que llevan muchos años trabajando sobre igualdad de género.

Durante los primeros meses del 2014, por ejemplo, se reunieron en La Habana con tres comisiones de colombianas que trabajan el tema. En total escucharon a 16 mujeres y a dos representantes de la población LGTBI.

La semana pasada volvieron al ruedo. El 25 de agosto la subcomisión recibió a 10 representantes de organizaciones que conocen el tema de la violencia sexual en el marco del conflicto. Allí escucharon sus planteamientos y recibieron varias propuestas.

Pero mientras las consultas y las reuniones van y vienen, la pregunta de fondo es qué tanto van a pesar esas recomendaciones en la redacción de los acuerdos finales y qué implicaría para las mujeres colombianas que esos documentos tengan incluido un enfoque de género.

Reconciliación Colombia habló sobre este tema con varias de las líderes que han estado presentes en la isla y que están a la cabeza de organizaciones que desde hace varios años trabajan con las mujeres del país. Esto fue lo que nos dijeron.

Ya tienen la voz, ¿y el voto?

El hecho de que las reciban en La Habana y de que tanto el Gobierno como las Farc hayan escuchado sus propuestas y preocupaciones es un avance para estas mujeres, que han luchado por poner el tema de género en la agenda desde hace muchos años.  

“El proceso de paz nos va ayudar a repensar nuestras prioridades como sociedad y en ese sentido es bueno que una de las nuevas prioridades sea construir una sociedad igualitaria que erradique la violencia contra las mujeres”, dice Claudia Mejía, representante de la organización Sisma Mujer.

Lo mismo piensa Marina Gallego, coordinadora nacional de la Ruta Pacífica de Mujeres, ganadoras de la última versión del Premio Nacional de Paz, quien afirma que “esta es una oportunidad para que la democracia se active, haya mayor participación y las mujeres seamos tomadas como sujetos de cambio”.

Pero para eso es importante que esto no se quede sólo en reuniones consultivas. Por eso,  varias de estas mujeres les pidieron a los negociadores que la subcomisión también tenga voto –además de la voz– y pueda incidir directamente en la mesa principal de La Habana.

Algunas de ellas piensan que la creación de la subcomisión ya es un esfuerzo importante que hace la Mesa de Conversaciones para incluir el tema. Además, vieron buen ambiente entre las mujeres que la conforman y creen que ellas han logrado que el tema incida.

“Uno ve que han incorporado elementos de género en los acuerdos. No tanto como quisiéramos y como esperábamos, pero lo han hecho”, dice Mejía.

No a la impunidad en casos de violencia sexual

Para facilitar el trabajo, además, las mujeres que han ido a La Habana decidieron enfocar sus propuestas y comentarios solamente en los temas que tiene la agenda de negociación.  

“Pedimos incluir parágrafos, afinar conceptos y hacer algunos énfasis”, cuenta Marina Gallego.

Lo bueno es que la heterogeneidad de los grupos que han ido ha permitido que las mujeres se especialicen en los temas que conocen.

“En nuestro grupo una presentó todo el tema de la mujer campesina, otra lo de las indígenas y la diversidad étnica, otra habló de restitución, y así”, contó Mayerlis Angarita, directora del colectivo de comunicaciones Narrar para Vivir, y quien trabaja con mujeres de los Montes de María.

De ese modo surgieron varias propuestas concretas. Una fue la creación de una herramienta que permita hacerle seguimiento a la violencia contra la mujer. Otra fue darles a las mujeres un rol clave en la implementación de los acuerdos. Alguien más pidió garantizarles espacios de participación política a las campesinas.

Angélica Aguilar, representante de la Federación de Estudiantes Universitarios, cuenta que propuso que “a partir de nuestras visitas incluyan a la sociedad y específicamente a las mujeres en otros momentos del acuerdo, como la refrendación y la implementación”.

La propuesta que más se repitió, sin embargo, tiene que ver con garantizar la justicia en los casos de crímenes de  violencia sexual, y en crear herramientaas concretas que permitan luchar contra este delito y reparar de forma especial y diferencial a las víctimas. 

“Tratamos de recoger lo que los estándares internacionales de justicia muestran sobre crímenes sexuales contra mujeres. No sentamos posición en cuento a cárcel, pena privativa o prohibición de participación política. Pero si les pedimos que hubiera un tratamiento diferente a este tipo de delitos en el marco de los acuerdos que ellos hagan sobre la responsabilidad penal”, explica Claudia Mejía.

Ellas tienen la clave

Otro punto importante para las mujeres es que lo que se acuerde, efectivamente se cumpla.

Marina Gallego piensa que si los acuerdos de La Habana se firman y tienen éxito, las mujeres colombianas pueden esperar que se acaben los mecanismos de terror y de dolor que han existido por 60 años.

Claudia Mejía, por otro lado, espera que se ataque la raíz de la discriminación contra la mujer y dice que “a mayor nivel de igualdad, habrá mayores posibilidades de vivir en paz”.  

Sin embargo, Mayerlis Angarita piensa que es importante que las autoridades locales (alcaldes y gobernadores) conozcan lo acordado y se comprometan a implementarlo en sus territorios.

“Los que gobiernan allá no tienen ni idea de que se está pactando en La Habana. Ni siquiera saben que el Plan Nacional de Desarrollo actual tiene un enfoque en derechos humanos o que hay leyes y decretos que protegen a las mujeres, a la infancia o a la adolescencia”, dice.

Por eso cree que hay que hacer una pedagogía en terreno y dice que toca aprovechar el conocimiento que muchas mujeres tienen sobre cómo construir paz.

“En Colombia hay más de 200 iniciativas de mujeres. Las claves del posconflicto, del diálogo y de cómo se convive en entornos violentos las tenemos nosotras”.