Dos historias de vida en conversatorio de Reconciliación en la Universidad Santo Tomás

Martha Amorocho, víctima del atentado contra el club El Nogal, y el sargento Francisco Pedraza, que perdió sus dos piernas por una mina antipersona, contaron a un grupo de estudiantes cómo superar el odio y el rencor les ayudó a recuperar sus vidas.

Septiembre 22 de 2015
Foto: Universidad Santo Tomas

El conversatorio, moderado por Luis Carlos Gómez, periodista de Reconciliación Colombia, contó además con la participación de Carolina Suarez, funcionaria de la Unidad para las Víctimas, quien explicó cómo desde las víctimas también se promueve la reconciliación.

En el atentado contra El Nogal, Martha perdió a Alejandro, su hijo menor, mientras que el mayor, Juan Carlos, estuvo en coma por doce días y sufrió graves secuelas. El sargento Pedraza, por su parte, afectado por la explosión de una mina mientras participaba en una operación antisecuestro, perdió una pierna de inmediato, y la otra, horas después en el hospital.

¿Qué los llevó a reponerse después de sufrir una tragedia de tal magnitud?, se les preguntó.

Ambos coincidieron en que su familia fue esencial para seguir adelante.

"Perdí un hijo, pero tenía otro y a una nieta a quienes atender", explicó Martha. El sargento Pedraza, por su parte, contó que en los minutos posteriores a sufrir lo que llama “el accidente” con la mina, en lo primero que pensó fue en sus hijos y los imaginó ya grandes hablando del día en que murió su papá. Pensó que no podía dejarlos solos y desde entonces puso toda su voluntad para recuperarse.

¿Por qué perdonar?

Martha explica que el perdón “lo otorga Dios”, pero que para ella es necesario perdonar porque el perdón la libera y le permite seguir adelante.

Para el sargento Pedraza también fue importante entender que esa otra persona que hace parte del grupo armado ilegal muchas veces no está allí voluntariamente sino porque fue obligado o engañado.

Perdonar nos salva de continuar en ese ciclo de venganzas y de odios y que en veinte o treinta años estemos en otra situación de conflicto igual en la que solo cambien los nombres de los actores, agregó Pedraza.

¿Qué debería pasar para usted qué sintiera que ya ha pasado la página?, se le preguntó a Pedraza.

Él respondió que su sueño es llevar a su familia al lugar donde sufrió el accidente y poderles decir que por allí antes no se podía transitar, pero que ahora sí es posible.

Carolina Suarez, de la Unidad de Víctimas, explicó que si bien el perdón es un tema del que hoy en día se habla bastante, es algo que no es tangible como lo debería ser la reconciliación, y la Ley de Víctimas establece varias disposiciones orientadas a este fin como las medidas de satisfacción y las garantías de no repetición.

Tras escuchar las historias que se contaron, una estudiante comentó que en ocasiones ha pensado en irse del país, pero testimonios como los de Martha y el sargento Pedraza muestran por qué vale la pena seguir trabajando por Colombia.

Al final, los participantes les pidieron a los estudiantes que asistieron al encuentro que se hagan una pregunta: ¿Qué estoy haciendo yo por la reconciliación?

El conversatorio se desarrolló en el marco de los cincuenta años de la reapertura de la Universidad Santo Tomás con la participación de Reconciliación Colombia.