Los anuncios de La Habana de cara a la reconciliación

El hecho de que se ponga fin al conflicto armado con las Farc lleva al país a un nuevo escenario en el que las balas yo no mediarán la discusión y el trámite de los conflictos. Esto, sin duda, robustece la democracia. Aquí las implicaciones de los anuncios.

23 de septiembre de 2015

Cuando el teólogo e historiador colombiano Fernán González, sacerdote jesuita, advirtió que el proceso con las Farc no iba a arreglar casi ninguno de los problemas que hoy enfrenta el país y que, en su lugar, lo que puede suceder es una activación de los conflictos sociales y la probabilidad de que las facciones guerrilleras fuertemente asociadas con el narcotráfico terminen arrastradas hacia las bandas criminales, los periodistas un tanto perplejos le preguntaron y, entonces, ¿para qué el proceso en La Habana? Fue contundente su respuesta:

“Para crear condiciones que permitan la discusión y un trámite a los conflictos distinto a las balas”.

Sin duda, el hecho de que las Farc dejen de disparar para defender sus ideas y de que, a la vez, este lado de la sociedad permita que los movimientos populares, sindicales, campesinos y de izquierda reclamen sus derechos y puedan hacerlo a través de la política es un paso trascendental en un país que recurre sistemáticamente a la eliminación del otro con el argumento de que es el “enemigo”.

Así, el hecho de que las balas no sean las que medien la resolución de los conflictos políticos en Colombia, como lo señala el experto jesuita, robustece la democracia.

Lo hace porque amplía las voces y da la posibilidad cierta de vocación de poder a quienes la estructura de la sociedad Colombia ha mantenido en la marginalidad política, económica y social y no solo no le ha dado juego, sino que ha eliminado su expresión usando principalmente vías ilegales, aunque también legales. “La historia del país está por escribirse, no estamos predestinados ni a la guerra ni a la muerte, todo depende como se afronten los conflictos o los problemas”, dice en la entrevista realizada por los periodistas José Fernando Hoyos y Jorge Cote, de la revista Semana, Fernán González, autoridad en el análisis del conflicto colombiano.

Evidentemente, este nuevo escenario enfrenta viejos problemas como la corrupción, la clientela, las élites locales. Pero a esto, el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, ya le anticipó al portal Reconciliación Colombia que estos desafíos se enfrentan con una participación amplia y cualificada de los ciudadanos y con una institucionalidad local y regional fortalecida.

“Tenemos un problema de confianza entre los ciudadanos que es producto, en no poca medida, del mismo conflicto- dice el comisionado Jaramillo-. Yo creo que si abrimos los espacios de interlocución, la mayor parte de la gente estará menos prevenida y más dispuesta a participar. El diálogo es esencial, sobretodo el diálogo entre “improbables”, como dice un profesor amigo mío”, puntualiza el portavoz oficial.

A esta percepción, Fernán González agrega que lo que le preocupa del país es la polarización. “Es decir la concepción de la política como un enfrentamiento entre enemigos”. Por lo que González aclara: “La lucha política nunca es entre enemigos, sino entre adversarios con discrepancias, al enemigo se debe eliminar. Aquí somos maniqueos políticamente”.

En el nuevo escenario de amplia participación, el lugar que se les dé a las víctimas y sobre todo a las víctimas de las Farc también jugará un papel clave. “Esperamos que los derechos de las víctimas no queden doblados”, es la opinión el exdiputado del Valle Sigifredo López, quien fue secuestrado por las Farc y se salvó de milagro de morir en manos de la guerrilla, por estar castigado y confinado en un lugar distinto al asignado al grupo restante de 11 colegas diputados suyos.

Para las víctimas de las Farc más que justicia vengativa lo que el proceso debe arrojar es verdad sobre los hechos violentos protagonizados por esta guerrilla y, partiendo de su responsabilidad, el reconocimiento de estas acciones y la consiguiente reparación.

Del equilibrio entre darles el lugar que les corresponde a los sectores sociales por siempre abandonados a la mano de Dios y el lugar que les corresponde a las víctimas de las Farc dependerá en una buena medida transitar los caminos ciertos y concretos hacia la reconciliación nacional.