Desarmar el lenguaje, un camino hacia la reconciliación

Nuevo encuentro de líderes de confesiones religiosas y espirituales busca recopilar experiencias y trabajar rutas y metodologías de una reconciliación que haga coherente la fe con la acción.
 
Mayra Alejandra Ríos Aguilar
Comunicadora Social Pontificia Universidad Javeriana
Especial para Reconciliación Colombia

29 de septiembre de 2015

Desde su cultura ancestral, Andrónico más conocido como el palabrero wayuu, rescata la forma mediante la cual en su comunidad se brindan garantías de no repetición. “El infractor debe hacer un trabajo de sensibilización y de consciencia sobre los valores trasgredidos –dice y agrega: la reparación va implícita a la disciplina y a la reflexión de sus actos”.
 
Este líder nato de vez en cuando viene a Bogotá a irradiar con la sabiduría de su pueblo talleres, conversatorios y espacios de reflexión sobre reconciliación, paz, desarrollo sostenible, diálogo intercultural, entre otros de los temas para los cuales se le invita como portavoz de los Wayúu. En esta ocasión, participó de un taller interno de trabajo que se denominó “Reconciliación y Espiritualidad”, realizado en la sede de Reconciliación Colombia los días 23 y 24 de septiembre en Bogotá.
 
Andrónico afirma que para lograr reparación “la persona que hizo daño debe hacer un sacrificio material y simbólico. Expulsar el odio. Si no hay reparación, no se logra la reconciliación”, explica.
 
Comenta que como su cultura es oral, su pueblo tiene la certeza de que desde el lenguaje puede hacérsele entender a la persona sobre el daño que hizo. Esto promueve un proceso de transformación de la consciencia y logra resultados concretos más allá de la acción misma de la reflexión como no volver a repetir el acto ofensor.
 
James Patton, vicepresidente del Centro Internacional para la Religión y la Diplomacia, con sede en Washington, participó de este espacio con la misión de multiplicar mediadores en el país. La iniciativa de país Reconciliación Colombia, de la que hace parte este portal de información, será puente para lograr que estos diálogos se vuelvan acción.
 
Patton escuchó de distintos líderes espirituales las experiencias de comunidades de distinto orden religioso y espiritual con el propósito de facilitar la articulación de unas rutas de reconciliación con fundamentación espiritual.
 
Por eso resultó revelador -por la confirmación que hace en el tema de las víctimas- que una de las conclusiones de las mesas de trabajo sobre este tema fuera establecer valores conjuntos desde la verdad, la justicia, la reparación y, en especial, brindar garantías de no repetición.
 
Ricardo Mendoza, de CIASE, explica: “históricamente las realidades particulares como un hecho de trasgresión social no afecta sólo al individuo, sino al clan”.

Por ello, es tan diciente la intervención de Guadalupe Guerrero, coordinadora de procesos de reintegración, en el sentido de que “no se puede ver la moneda de una sola cara. No se puede trabajar sin conocer el contexto. Es importante leer la comunidad. Conocer de fondo su espiritualidad porque todos los seres humanos necesitamos de este contexto para perdonar y también para generar espacios reconciliadores”.
 
Como líderes que trabajan en comunidades, reivindicaron la importancia de comprender lo que significa “desarmar el lenguaje”: es crear nuevas formas de comunicarnos entre sí por medio del reconocimiento del otro o volver a lo básico de la comunicación, que es esto mismo.
 
En estos procesos, Mónica Velásquez, de GEMPAZ, comenta que desde su experiencia ha visto que las mujeres son de las principales promotoras de la reconciliación por su sensibilidad para comprender el dolor profundo que viven las personas en este país que ha sido golpeado por la guerra. Y esto en buena medida se da por su profunda espiritualidad.
 
“No todas las mujeres son progenitoras de vida, pero sí de espacios en los que pueden aportar a la construcción de paz por medio de su capacidad de diálogo y mediación”, agrega Mónica Velásquez.
 
Durante el taller de dos días dirigido por Patton, estos portavoces se encontraron elementos y herramientas de trabajo que desde sus territorios y como líderes espirituales aportan a la reconstrucción del tejido social.
 
Dentro de las tareas que se propuso este espacio a desarrollar en un futuro próximo está la de construir iniciativas de liderazgo y mediación desde la propia experiencia para incentivar a las personas a ser constructoras de paz dado el contexto histórico que vive el país.