Mugs que transforman vidas

Un colegio de Ciudad Bolívar, Bogotá, les permite a adolescentes y a sus familias aprender un oficio con técnicas y materiales a muy bajo costo. Así comienzan a planear un futuro distinto.

Octubre 5 de 2015
Por Bibiana Mercado
Editora de Reconciliación Colombia.
Publicado en el directorio de Páginas Blancas ¡Se le tiene!
Foto: Guillermo Torres.


Pedro, Michael, Brayan, Julián, Duverley, Juan Andrés y Cristhian se muestran muy animados cuando exhiben el producto final de la actividad que les ha ocupado una mañana escolar. Se trata de unos mugs con varios motivos de múltiples colores, diseños y mensajes que ellos imprimen bajo la orientación del profesor Víctor Hugo Muñoz, en el único computador de la pequeña-gran empresa.

El emprendimiento escolar funciona en un taller de 20 metros cuadrados en el que se amontonan los niños en tránsito hacia la adolescencia. Es ruidoso por sus estrepitosas risas y caliente como un fogón porque la sublimación, técnica con la que imprimen las imágenes en los mugs, las camisetas, las baldosas, los bolsos, entre otros elementos que caen en sus manos, funciona con la aplicación de calor.

Los siete jóvenes emprendedores, que tienen entre 13 y 16 años, cursan noveno grado en el colegio Didascalio Nuestra Señora de la Esperanza, de la asociación benéfico cristiana promotora de desarrollo integral –ABC Prodein–. Esta desarrolla su labor pastoral en Colombia desde 1992, cuando el sacerdote español Rodrigo Molina quiso crear aquí una obra concreta a la que se unieran laicos consagrados. Su eslogan: ‘Tú puedes ser parte del cambio’. Hoy el colegio tiene 520 alumnos.

El taller en el que los siete jovencitos aprenden el oficio de la sublimación es opcional al programa académico y les implica acudir en días fuera de clases, como los sábados. “Es mejor estar en esto que en la calle”, dice Cristhian, a lo que Michael agrega: “Es bueno para un futuro porque nos da más oportunidades”. Estas comienzan incluso en el hecho de conocer la ciudad más allá de la localidad de Ciudad Bolívar, pues les implica desplazarse del barrio Santa Viviana de esta localidad a Teusaquillo, donde queda ubicado el pequeño taller, al que varios acuden incluso con sus padres. Se han entusiasmado con la idea de especializarse en un oficio que les abra oportunidades de negocio.

Un ejemplo de emprendimiento escolar

El taller forma parte de una de las estrategias que ABC Prodein desarrolla con personas que se han visto golpeadas por situaciones difíciles como la pobreza extrema y el desplazamiento forzado. Al enseñarles varios oficios busca generar emprendimientos que introduzcan a las personas en el sector productivo. Así, además del trabajo en Bogotá, ABC Prodein forma en panadería a comunidades en Bello (Antioquia), en Popayán (Cauca) en hacer sandalias en macramé, en Cúcuta (Norte de Santander) en bisutería, en Cali (Valle) en confecciones. Recibe para esto aportes de firmas nacionales y extranjeras que se están preocupando por destinar recursos a fundaciones que pueden ser agentes transformadores de cambio.

“Esta línea del emprendimiento productivo (la escolar) surgió de una idea loca en su momento. Sabíamos que necesitábamos trabajar con adolescentes y que esto implicaba hacer algo diferente. Decidimos comenzar por sacarlos de su medio y traerlos al parkway y aquí enseñarles algo que les gusta”, explica Lina Montenegro, coordinadora de esta línea de detalles con sentido social.

“Sublima mi futuro” se llama la pequeña-gran empresa de estos estudiantes que imprimen a fondo su creatividad, pues “nos divertimos" –dice Julián– "porque hacemos nuestros propios diseños” –dice Duverley.

En cuanto al dinero que reciben de los mugs, camisetas, baldosas y demás objetos con su sello, la fundación lo recauda y luego se lo reinvierte en materiales otras necesidades de los jóvenes emprendedores. Así se ven ellos, comenta Brayan, quien usa esa palabra para describirse. Y con el cambio de lenguaje y de percepción sobre sus talentos también se comienza a propiciar una nueva realidad. “Hay la posibilidad de hacer algo”, dice contento Juan Andrés. “Nuevas cosas”, explica Pedro.

La idea loca está en progreso y de ahí puede salir una nueva generación de jóvenes empresarios de los sectores populares de Bogotá. ¿Le gusta la idea?