Las claves de San Carlos

El retorno de los desplazados y la reconstrucción del pueblo, han convertido a San Carlos, municipio del oriente antioqueño, en un ejemplo para el resto del país. Algunos de los protagonistas cuentan cuales fueron las claves para lograrlo.

6 de octubre de 2015
Foto: Archivo Semana


Aunque la guerra ha dejado un sinnúmero de experiencias dolorosas en Colombia, también ha dado paso a varias historias llenas de esperanza. Una de las más conocidas es la de San Carlos, un municipio del oriente antioqueño que durante muchas décadas fue blanco del conflicto armado colombiano.

A finales de la década de los 90, el accionar de grupos guerrilleros y la alianza de paramilitares con agentes del Estado, propició una oleada de desplazamientos en el pueblo, que pasó de tener 25.000 habitantes a quedar con cerca de 7.000 a comienzos del 2004.

Sin embargo, cuatro años después comenzó a darse el fenómeno contrario; muchas familias desplazadas, convencidas de que las cosas habían cambiado, comenzaron a retornar al pueblo.

Lo que podría haberse convertido en una catástrofe sanitaria, por causa de miles de personas que llegan a un sitio que no está preparado para recibirlas,  se volvió uno de los retornos más exitosos en la historia del país. Estas son las claves que permitieron que eso sucediera:

1.    El apego por la tierra

Los habitantes de San Carlos nunca perdieron el amor por su pueblo. Cuando comenzaron a darse las condiciones de seguridad para retornar, debido a la desmovilización de las AUC, muchas víctimas aún tenían miedo de volver. Fue entonces cuando en San Carlos organizaron las fiestas del retorno, y contrataron buses para que llevaran a varios de los desplazados por tres días al pueblo.

“Llegaron 10.000, que al terminar las fiestas se devolvieron. Pero así se comenzó a perder el miedo. Con más confianza, comenzaron a volver unos, luego otros y así sucesivamente”, recuerda Francisco Javier Ortiz, ex alcalde del municipio. En un momento se devolvieron cerca de 300 familias y el alcalde tuvo que decretar la emergencia social por retorno.
 
2.    Una alianza interinstitucional

Cuando eso sucedió, la alcaldía de San Carlos no tuvo que hacerlo todo sola. Acción Social, la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín ayudaron económicamente. Esta última, invirtiendo recursos en un tema que no tenía que ver en con su territorio ni su área metropolitana.

“En Medellín había mucho desplazado de San Carlos, y por eso el alcalde Alonso Salazar se interesó y lidero una alianza de varios sectores para apoyar el retorno de San Carlos”, cuenta Ortiz. De esa manera nació la Alianza Medellín-San Carlos, con 35 instituciones, entre las que estaban la empresa privada, la academia y el gobierno Nacional. Así se consiguieron los recursos para reconstruir el pueblo y reubicar a los retornados.

Además, la alianza fue un gana-gana: Medellín logró que personas que habían llegado a poblar los cinturones de pobreza de la ciudad volvieran a su pueblo de origen y San Carlos recibió ayuda para reconstruir lo que habían perdido.

3.    Recuperar la confianza entre la comunidad y la fuerza pública

El retorno no hubiera sido posible sin buenas condiciones de seguridad. La fuerza pública consolidó su poder en la región a inicios de 2007 y colaboró con el retorno de los campesinos. A pesar de que en muchas ocasiones los grupos paramilitares habían actuado con la complicidad de algunos miembros del Ejército, los militares se volvieron a ganar la confianza de la gente.

“Cuando volvimos, el pueblo estaba lleno de minas. Así que el Ejército se inventó el desminado de emergencia, y más adelante el desminado humanitario, con el que nos ayudábamos mutuamente para quitar las minas”, cuenta Patricia Giraldo, alcaldesa de San Carlos. “Así, San Carlos pasó a ser el primer municipio del país libre de sospecha de minas”.

Con este y otros gestos, como la electrificación de una vereda completa o la ayuda con el transporte de material para la reconstrucción de las casas y caminos, la confianza entre comunidad y la fuerza pública comenzó a volver.

Para Wilson Murillo, habitante del municipio y líder de la vereda de El Jordán, los militares ahora son amigos de los campesinos, hay confianza y existe comunicación constante. Como si fuera poco, por iniciativa de la comunidad, el Ejército instaló hace poco un batallón de infantería, desde donde cuida la zona. 

4.    Poner el poder de decisión en la comunidad

Cuando los grupos armados atacaban el pueblo, las Juntas de Acción Comunal (JAC) se redujeron de 78 a 5. Pero una vez organizado el retorno, la administración municipal se dio a la tarea de revivir el poder de la comunidad. Hoy, ya hay 77 JAC restauradas.

Además, cuando comenzó el retorno, la alcaldía decidió que los líderes comunitarios de cada barrio o vereda, fueran los garantes de los retornos y los supervisores de las personas retornadas. También implementó la estrategia del presupuesto participativo, para que la comunidad eligiera en dónde invertir la plata del municipio. Así nació un banco con más de 200 proyectos elegidos por la gente.

“Cuando la gente tuvo las decisiones en sus manos se empoderó. Y yo creo que esa ha sido la clave principal del éxito de nuestro retorno”, cuenta el ex alcalde Ortiz. De esa manera, la población entendió que un nuevo comienzo no sólo dependía del Gobierno Nacional o de agentes externos, sino que ellos jugaban un rol protagónico.

Los sancarlitanos, entonces, aprendieron a organizarse y a construir su propio futuro. Se empezaron a crear asociaciones de agricultores o productores y la gente comenzó a pedir lo que necesitaban para su futuro. Para Ortiz, eso también va a permitir que la gente les exija a los próximos alcaldes mantener las políticas que hoy los benefician.

5.    Hacer gestión institucional para obtener convocatorias del Gobierno Nacional

La administración municipal comenzó a moverse para conseguir los recursos y las ayudas del Estado. El Gobierno Central destinó parte de sus programas al municipio, y lo mismo hizo el gobierno departamental. Así comenzaron a construirse viviendas, caminos, escuelas y proyectos productivos.

“Nadie se robó la plata, y las obras se vieron. Eso hizo que más entidades nos ayudaran y que la gente recuperara la confianza en la institucionalidad”, cuenta la alcaldesa Giraldo.  El municipio comenzó a aprovechar las convocatorias del Gobierno Nacional para llevar vivienda, computadores, tablets, etc.

“La gente de otros municipios se pregunta, ¿por qué tanto para San Carlos? Y lo que pasa es que nosotros estamos pendientes de convocatorias que saca el Gobierno. Apenas las hacen públicas, mandamos papeles. En otros lados no lo hacen y esperan a que les lleguen las cosas solas”, cuenta Ortiz.

6.    Impulsar la reconciliación

Pastora Mira había perdido a dos de sus hijos durante la época fuerte del conflicto en San Carlos. Sin embargo, esa experiencia le sirvió para entender acerca del poder del perdón y la reconciliación. Ella, quien ahora es concejal del municipio y líder de víctimas, fundó el CARE (Centro de Acercamiento Reparación y Reconciliación).

En el CARE las víctimas reciben atención psicosocial, mientras repasan y construyen la memoria histórica de lo que pasó en el municipio. Adicionalmente, se han recibido desmovilizados de grupos armados ilegales, que hoy han completado su proceso de reintegración a la sociedad.

Muchos de ellos, incluso, fueron victimarios de muchas de las personas que retornaron a San Carlos, y aunque al principio hubo un poco de resistencia, hoy conviven sin problemas. “Hay que dejar el odio y el rencor atrás”, dice Pastora. “Para poder comenzar de nuevo, toca mirar al otro a los ojos y entender su situación. Esa es la clave”.

7.    Poner los proyectos productivos por encima del cemento

Para Francisco Ortiz, es importante entender que el retorno no sólo se compone de casas reconstruidas y vías pavimentadas. “Yo lo dije en alguna reunión. La gente no va a comer ladrillo… Más importante que construir casas, es garantizar los proyectos productivos para que la gente tenga una entrada de dinero”.

Eso lo hizo San Carlos con proyectos del Ministerio de Agricultura, la Unidad de Víctimas, La ACR y el Departamento para la Prosperidad Social (DPS). Así la gente no sólo obtuvo sus casas, sino que empezó a producir recursos para sobrevivir.