John, el empresario que convierte la basura en un recurso natural

John Ramírez Arbeláez clasifica, embala y almacena basura en el Gimnasio Moderno, RCN, el Club Los Lagartos y Home Center para venderla como materia prima. Detrás de él y su fundación –El Golero–hay una filosofía sobre el medio ambiente que busca la transformación cultural.

Octubre 8 de 2015
Por David Bustamante
Especial para Reconciliación Colombia
Foto: Guillermo Torres
Publicado en el Directorio de Páginas Blancas '¡Se le tiene!'

 
En septiembre de 2007 el colegio Gimnasio Moderno y su entonces rector, Juan Carlos Bayona, invirtieron un buen capital en el rostro de un exhabitante de la calle que hoy hace de la basura materia prima para las fábricas.
 
John fue educado en mecánica, agricultura y compostaje por el padre italiano Javier de Nicoló en su fundación para jóvenes infractores, Bosconia. Allí llegó en 1972 tras haberse convertido en un ladroncillo habitual a sus escasos siete años de edad –nació el 8 de enero de 1965, en Bogotá–. Durante su paso por la fundación conoció la técnica del compost, el humus que se obtiene artificialmente por descomposición bioquímica –en caliente– de residuos orgánicos. Como egresado de la fundación se dedicó a realizar ese proceso y más tarde al reciclaje de residuos sólidos con los que hoy hace magia.
 
“¡Todos tenemos que ver con los residuos! –exclama John– y nadie puede excusarse”, pues explica que “el pelo del perro que peinamos en el parque termina en la cocina de la casa de alguien, si no en su plato; el plástico que echamos al mar, en las vías respiratorias de un animal marino, y la basura del hogar sirve de materia prima para nuevos productos, los que a diario consumimos. Algunos como el cartón y la madera pueden ser utilizados para producir accesorios de zapatos o de un librero, por ejemplo”.
 
John y sus compañeros recogen solo en el Gimnasio Moderno cien kilos de basura al día. Esto se traduce en 2.000 al mes y en 18.000 en un año escolar. Estamos hablando de 18 toneladas de materia prima para nuevos productos a cargo de una sola persona, sin contar las toneladas que El Golero recoge en RCN, Homecenter y el club Los Lagartos.

Bogotá produce 6.000 toneladas de residuos sólidos, de las cuales solo se reciclan unas decenas. Eduardo Behrentz –PhD en ingeniería ambiental de la Universidad de California y decano de la facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes– le explicó a Semana Sostenible que “es más el dinero que se invierte en revalorizar un desecho que el que se gana cuando se vende”, es deci, financieramente no resulta rentable. Pero, “a fin de cuentas, sale mucho más caro combatir la contaminación ambiental que reciclar”, indicó.
 
Y aunque el proyecto no parece rentable, John y su fundación trabajan hasta el cansancio en hacer realidad la vocación de su empresa. Cada día de la semana John llega al Gimnasio Moderno a las 6 y media de la mañana, se quita el jean y el saco y se pone encima un overol azul oscuro, “la pinta que representa mi propósito”–dice, mientras se ajusta los botones y frunce las cejas orgulloso–. “Se trata de un teórico, como punta de lanza del cambio de nuestras neuronas”, afirma Bayona, el exrector del colegio, del que John se considera hijo. No solamente por la reciedumbre de carácter, sino por la capacidad inventiva a la que siempre le unta un objetivo ético o moral. “Ojalá hubiera más ejemplos como los de John”, dice Behrentz.
 
Los colores de los recipientes de basura suelen ser los mismos en ciertas entidades, pero la afinidad que siente John con el Gimnasio Moderno y su pedagogo fundador, Augustín Nieto Caballero (1889-1975) –cuya filosofía conoce a fondo–, lo llevaron a adoptar los colores institucionales para los recipientes de basura: el verde y el naranja, el primero para la basura (símbolo de un recurso natural) y el segundo para el plástico, el vidrio y el metal.
 
Con el esfuerzo propio se ha defendido del asistencialismo del que huye porque lo hace sentir humillado. A punta de basura, su fundación hoy lidera el reciclaje y también una cultura inequívoca de servicio social.
 
El trabajo medioambiental que él y sus empleados están elevando al mundo empresarial comenzó en la Fundación Nueva Sociedad. Allí descubrió que hasta se puede hacer un perfil psicológico a la luz de la basura de los residentes de un edificio o de los empleados de una empresa. Cuando este año lo contrató una compañía de 560 empleados, estableció que el equipo de trabajo experimentaba un cúmulo de tensión nerviosa o estrés  A esta conclusión llegó por las más de mil y una bolsitas de mecato en los recipientes de basura de la empresa. Esto hace de John y de su fundación una organización solícita.

El reciclaje es un proceso de trascendencia a través del cual se reduce no solo el uso de nueva materia prima, sino también el consumo de energía y la contaminación del aire y del agua y, así mismo, los gases de efecto invernadero (radiación térmica) que, a su turno, producen el calentamiento global. En últimas, se trata de la protección del medio ambiente, del que depende nuestra vida: el ecosistema –a través de las plantas y los árboles– produce el oxígeno que respiramos y nuestros pulmones convierten en dióxido de carbono el aire que respiran los árboles para repetir el proceso una y otra vez, indefinidamente.