Nobel de Paz para la sociedad civil de Túnez

El galardón se lo llevaron cuatro organizaciones sociales que propiciaron una salida dialogada a la crisis política tunecina de 2013. Gracias a ellos, su país logró transitar a la democracia en un vecindario complicado.

9 de octubre de 2015

Las personas que conforman el Cuarteto del Diálogo Nacional Tunecino, ganadores del Nobel de Paz versión 2015, no son tan mediáticas como el Papa Francisco o la canciller alemana Ángela Merkel.

Pero su silenciosa gestión ha permitido que Túnez sea, hoy por hoy, el único país árabe en el cual la democracia se mantiene intacta después de la deslumbrante Primavera Árabe, que impactó al mundo a comienzos de esta década.

A diferencia de Siria, Libia y Egipto, países que también intentaron una transición democrática y que hoy están sumidos en la guerra, en crisis políticas o en nuevos regímenes dictatoriales, Túnez tiene un gobierno de unidad nacional, una constitución consensuada y elecciones libres.

Pero lograrlo no ha sido fácil. En 2013, tres años después de las revueltas que sacaron del poder al omnipresente dictador Ben Ali –quien había gobernado durante 23 años–, la transición democrática estaba amenazada.

La polarización entre los islamistas y los laicos, azuzada con atentados y la presencia de grupos yihadistas, tenían a Túnez ante la perspectiva de una guerra civil como en Siria o de un golpe de Estado como en Egipto.

Ahí fue cuando el Cuarteto entró en acción. Conformado por el sindicato UGTT (Unión General de los Trabajadores Tunecinos), la Liga Tunecina Derechos Humanos, la Orden de Abogados y el sindicato UTICA, el grupo impulsó el diálogo intersectorial y salvó a su país de la debacle.

Gracias a la mediación de estas cuatro entidades el partido islámico que estaba en el gobierno y los partidos laicos que estaban en la oposición se pusieron de acuerdo. El Presidente dejó el poder para dar paso a un gobierno de transición y los laicos aceptaron desbloquear la Asamblea Nacional Constituyente, que desde su conformación no había tenido mayores resultados.

Como resultado de ese acuerdo, el 24 de enero de 2014 los tunecinos aprobaron la nueva constitución política por consenso y lograron demostrarle al mundo que los islamistas y los no islamistas podían convivir en paz, bajo la misma ley y en un mismo país.

La transición democrática quedó sellada el 22 de diciembre de 2014, cuando el exministro laico Beyi Caid Essebsi ganó las primeras elecciones libres con más de la mitad de los votos y conformó un gobierno de unidad con los islámicos.

El jurado del premio Nobel reconoció el papel de las cuatro entidades en esa transición exitosa y su “contribución decisiva a la construcción de una democracia pluralista”. Por ese motivo, decidió entregarles el galardón.

El premio llega, además, en el momento preciso. La guerra en Siria se intensifica y la crisis causada por los refugiados que huyen hacia Europa fue primera plana en todo el mundo. El caso tunecino demuestra que hay una salida viable y pacífica a la crisis que viven algunos países árabes, y que esa solución está en la sociedad civil.

Según un análisis del diario El País de España, el premio de este año también busca mandarle un mensaje a Europa: “porque cuando las opciones militares cobran cada vez más fuerza el premio a este grupo, nacido de un compromiso de la sociedad civil, muestra por dónde ha de transitar el camino en la búsqueda de soluciones a los enfrentamientos armados en Siria, Libia, Yemen, o a dictaduras camino de la consagración, como la de Egipto. De Europa se sigue esperando su compromiso y su solidaridad”.

Ya lo había dicho en noviembre del 2014 Houcine Abassi, presidente de la UGTT (uno de los sindicatos que hacen parte del cuarteto): “La sociedad civil simplemente cumplió el papel que le tocaba. No hay vuelta atrás a un sistema dictatorial”.