La tercera generación que busca a los desaparecidos del Palacio de Justicia

Alejandra Rodríguez y Juan Francisco Lanao tenían 35 días y 18 meses de nacidos el 6 de noviembre de 1985. Pasaron sus primeros años con una vaga idea de lo que había ocurrido, pero ahora, como adultos, han asumido la búsqueda que heredaron de sus tíos y sus abuelos.
 
Noviembre 4 de 2015
Por Luis Carlos Gómez
Periodista de Reconciliación Colombia.
Fotos: Archivo Semana

Puede ser porque estaba muy pequeña o porque los seres humanos solemos bloquear los recuerdos negativos, pero Alejandra Rodríguez no se acuerda de haber asistido de niña a ninguna de las conmemoraciones que se hicieron de la toma del Palacio de Justicia.

Sabe que estuvo en ellas porque se ha visto en fotos al lado de su tío, pero no tiene ninguna noción de haber estado allí.

Lo que sí recuerda con claridad es el momento en que tuvo que enfrentarse por primera vez al drama que marcó su vida.

Cuando tenía 12 años, su abuelo, Alfonso Rodríguez, le leyó la declaración de Ricardo Gámez, un ex policía que relató cómo fueron torturados los desaparecidos del Palacio de Justicia, entre ellos su papá.

Una lectura muy dura para una niña, pero que le abrió los ojos sobre lo que tendría que enfrentar de allí en adelante.

Alejandra, al igual que Juan Francisco Lanao, hijo de Gloria Anzola de Lanao, y los hijos de Ana Rosa Castiblanco, Lucy Amparo Oviedo, Norma Constanza Esguerra, Héctor Jaime Beltrán y Gloria Stella Lizarazo, han tenido que vivir una vida marcada por una búsqueda que ya completa 30 años.

“A mí me preguntaban por lo de mi mamá y yo decía: ‘Hubo un atentado muy fuerte en el Palacio de Justicia. Lastimosamente mi mamá estaba ahí y falleció”, dice Juan Francisco, que creció en Quito, a donde su padre viajo tratando también de poner distancia.

Sin embargo, admite que solo tomó conciencia de lo que significaba esa frase cuando regresó al país hace unos 15 años y se puso al frente de las acciones judiciales por la muerte de su madre.

“Después de tantos años, si yo le pregunto al Estado si reconoce que hubo desaparecidos, no me puede responder con seguridad. Todo el estamento estuvo mal  y cuántos gobiernos ha habido después y tampoco han hecho nada”, agrega.

Alejandra, por su parte, admite que fue la presión de su abuelo, que murió en 2010, la que la llevó a involucrarse en el caso, porque en una entrevista que dio en 2004 dijo que esperaba que ella siguiera adelante con la búsqueda, pero con el tiempo se convirtió en algo que hace porque es justo.

“Para mí es muy triste ver a las familias tristes. Entonces es la forma de decirles a ellos, a los demás familiares, que estén tranquilos, que siempre va a haber alguien ahí para apoyarlos”, explica.

Dice que la mayor lección que le dejó su abuelo se la enseñó en una ocasión en la que ella iba hacia España a un seminario sobre víctimas de crímenes de Estado.

“Le pregunté: ¿tú qué me recomiendas, abuelito, porque tú eres el que sabe? Me dijo: ‘Mija, yo lo único que le puedo decir es que usted sea consciente de que cuando usted va a hablar no habla en nombre de Carlos. Usted se olvida de su papá cuando usted va a hablar en público. Usted habla en nombre de todos los desaparecidos del Palacio de Justicia’”, agrega.

Aunque hoy en día al menos se admite que hubo desaparecidos en el Palacio de Justicia, tanto Juan Francisco como Alejandra aseguran que lo más difícil de la búsqueda ha sido sentirse solos.

“A mi mamá y a mi papá los conocían los magistrados. Mi mamá dice que los primeros 15 días iba al Palacio de Justicia y sentía una solidaridad total. Todas las personas que la conocían le preguntaban qué había pasado con Carlitos, que si ya se habían tenido noticias de Carlitos. Y de repente un día fue y le dieron la espalda y no le quisieron volver a hablar”, cuenta Alejandra.

Su interés no es perseguir a nadie, dicen, y tampoco quieren que les entreguen un cuerpo o les pidan perdón. Lo importante para ellos es la verdad.

“No nos van a reparar nada ni con plata ni con monumentos ni con nada, pero sí sería un descanso al alma que sepamos la verdad”, dice Juan Francisco.