Acciones Reconciliadoras

Rutas para reconstruir la vida de las personas afectadas por el conflicto

Además de la ubicación de vacantes, la ruta de empleabilidad del Servicio de Empleo contempla acciones que van desde la consecución de cupos para validación del bachillerato hasta la entrega de libretas militares.
 
Por Yeison Camilo García
Editor de DeMemoria Revista del Museo Casa de la Memoria (Medellín)
Foto: Sirley Muñoz.

 
A principios de la década de los 90, cuando aún era una niña de meses, Julieth Valencia Torres llegó junto con su madre a Medellín. Ahora, con 22 años, recuerda que venían desplazadas de la vereda Yarumal, del municipio de Turbo (Urabá antioqueño), donde dejaron su finca debido a la confrontación entre grupos armados.

Una vez asentadas en Santo Domingo, barrio ubicado en la periferia nororiental de Medellín, pudo estudiar y graduarse en una institución educativa pública. Meses después, su madre murió y ella, embarazada y en condición de alto riesgo, tuvo que renunciar al cupo que había obtenido en el Sena para formarse como asistente administrativa.

Ahora su niño tiene un año y medio, vive junto con su abuela en el centro de la ciudad y sobrevive trabajando algunos días en casas de familia. Aunque ha intentado conseguir un empleo estable, con la intención de ayudar a pagar las cuentas de servicios y la alimentación suya y de su hijo, aún no ha podido conseguirlo.

Por eso, asistió el jueves a una jornada de oportunidades laborales para víctimas del conflicto armado que, por falta de formación o experiencia, se hallan desempleadas o en la informalidad. La actividad la promovía la Unidad del Servicio Público de Empleo del Ministerio del Trabajo y esta vez fue realizada en el Museo Casa de la Memoria de Medellín. 

En la mañana, Claudia Camacho, directora del Servicio de Empleo, afirmó que la jornada hacía parte de la ruta de empleabilidad con atención diferencial para las víctimas, en su mayoría personas en condición de desplazamiento que necesitan adquirir experiencia para acceder a las vacantes de las empresas.

No obstante, puntualizó que “acercar la población a las vacantes es la parte más fácil” y que “el problema” es que muchas de las víctimas que continúan llegando a las grandes ciudades no tienen la experiencia ni las competencias para los empleos que en estas se ofrecen, lo cual aumenta las brechas en el acceso al mercado laboral.

En condiciones como esa, llegó Edith Zuluaga al barrio Patio Bonito, de Bogotá, en el año 2002. Ella, junto con su madre, su hermana y sus dos hijas, habían abandonado su casa y su salón de belleza en el municipio de Cocorná (Oriente antioqueño), debido al recrudecimiento del conflicto por la presencia de la guerrilla de las Farc.

Por esa época, aún no había terminado el bachillerato, así que lo primero que hizo en la capital fue validarlo para poder presentarse a la universidad. Mientras tanto, su madre empezó a buscar los medios para montar nuevamente su salón de belleza, pero desistió luego de dos años, y retornó a su municipio.

En ese momento, Edith ya estaba estudiando ingeniería industrial pero necesitaba un trabajo del cual pudiera devengar el dinero suficiente para cubrir los gastos básicos, suyos y de sus niñas. Esa fue la razón por la cual acudió a una agencia integrada al sistema de la ruta de empleabilidad, donde le hicieron el registro de la hoja de vida y le brindaron orientación socio-laboral y algunas capacitaciones.

Días después de haber pasado por ese proceso, recibió citación de parte de Viva la Ciudadanía para una entrevista y, luego de esta, obtuvo su primer empleo formal y con todas las garantías de ley. Ahora, tiene 31 años y trabaja como promotora de la ruta de empleabilidad para la agencia de Colsubsidio, en la localidad de Suba de Bogotá.

Con su empleo, pudo mejorar la calidad de vida de sus hijas y alcanzar la estabilidad económica de su hogar: tiene con qué pagar el colegio, los servicios públicos y el arriendo del apartamento, y está agradecida por tenerla posibilidad de trabajar mientras ayuda a otras víctimas a encontrar su camino hacia la inserción laboral.

Ese caso es un ejemplo, aseguró Alba García Polanco, directora de gestión interinstitucional de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, del objetivo actual del Gobierno Nacional: “la superación de condiciones de vulnerabilidad”, es decir, “que las víctimas puedan generarse las condiciones necesarias para continuar con su plan de vida”.

Y precisamente esa es la meta que tiene Julieth. Por eso, está intentando obtener uno de los 100.000 puestos de trabajo que las empresas están ofertando en el país, de los cuales un porcentaje significativo están en Antioquia: “la región más victimizada del país y donde residen poco más de un millón de víctimas”, según puntualizó García Polanco.

De ahí que sea necesario que la ruta y el Servicio de Empleo continúen con el reto de eliminar las barreras que les impiden a las víctimas acceder al mercado laboral; entre las cuales se hallan, por ejemplo, la consecución de la libreta militar para los hombres y el cuidado de los hijos para las mujeres cabeza de hogar.

Por ahora, Julieth continúa esperando la respuesta a una entrevista a la que se presentó en Colcafé, para ser auxiliar de producción, y de la cual se enteró a través de Comfenalco, que, en su condición de prestador del Servicio de Empleo -uno de los 12 que hay en Antioquia-, la orientó para que aspira a esa vacante.

De obtener ese puesto, sería para ella su primera experiencia laboral en condiciones dignas, y se uniría a las cerca de 1.000 víctimas del conflicto armado que se han beneficiado, desde septiembre del año pasado, con la ruta de empleabilidad en Antioquia.