¿Cómo responder al terrorismo tras ataques como los que conmocionaron a París?

Los atentados suicidas, que dejaron 132 personas muertas en la capital francesa, han provocado el repudio y la indignación mundial. Pero mientras algunos sectores claman por una implacable ofensiva militar, otros creen que solo actuar con prudencia puede evitar agravar más aún el problema.
 
Noviembre 17 de 2015
Foto: Presidencia de Francia

 
Hay varias semejanzas entre los atentados que sacudieron el viernes en la noche a la capital francesa y los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001.

Ambos fueron ataques perpetrados por pequeñas células de terroristas suicidas, con relativamente poco armamento, pero en lugares que les permiten lograr un impacto mundial. En ambos casos hubo una cuidadosa planeación y una enorme frialdad para llevarlos a cabo con la mayor crueldad posible.

Fue similar también la respuesta del presidente francés, Francoise Hollande, a la que dio el mandatario estadounidense George Bush después de los ataques del 2001.

Con palabras parecidas a las que usó Bush, Hollande declaró los ataques como un acto de guerra contra su país y manifestó que respondería sin piedad frente al terrorismo. Un par de días después arreciaban los bombardeos franceses contra las posiciones del Estado Islámico en Siria, como en su momento lo hicieron los estadounidenses en Afganistán.

Como ocurrió también en esa época, el mayor precio de los ataques lo pagaron los inmigrantes, a quienes varios Gobiernos de Europa y varios Estados de EE.UU. les han impuesto mayores restricciones para ingresar en el país.

Sin embargo, hoy en día, diferentes analistas creen que una intensa ofensiva militar, aunque es la respuesta natural ante el dolor y la indignación que producen estos actos, puede no ser la más inteligente.

El mismo Presidente Obama lo advirtió en las declaraciones que dio tras los atentados.

“No es solo mi punto de vista sino el de mis asesores militares y civiles más cercanos que ese sería un error”, dijo el mandatario sobre la posibilidad de aumentar la presencia de tropas de su país en Siria.

Agregó que ya se ha demostrado en el pasado (haciendo referencia a las invasiones de Irak y Afganistán), que si no hay gobiernos locales comprometidos con la inclusión y con reducir los extremismos ideológicos, estos grupos van a resurgir, “a menos que estemos preparados para una ocupación permanente de estos países”.
 
Como lo señala Anthony Cordesman, del Centro para Estudios Estratégicos Internacionales, es fácil exigir más acción militar tras lo ocurrido en París, pero si no se actúa con prudencia los resultados pueden ser nulos o incluso contraproducentes.

“Una acción equivocada se puede traducir en represión que incremente la exclusión de los musulmanes que están afuera del mundo islámico y que son vulnerables al reclutamiento y a la acción de los extremistas. Puede incluso aumentar el número de terroristas en vez de reducirlo”, afirma.

La lucha contra el terrorismo, advierten otros, no es una guerra convencional, por lo cual exige métodos diferentes a los tradicionales

“Un avión de combate F-35 no impedirá que un grupo de asesinos fanáticos detone bombas en un partido de fútbol. Un escudo de defensa contra misiles en Polonia no detendrá a un pelotón de asesinos fanáticos de abrir fuego en un salón de concierto o de tomar rehenes o de inmolarse con cinturones de explosivos”, afirmó por su parte Charles Pierce, analista político de Esquire.

La respuesta que el mundo dé a los ataques del Estado Islámico en París, al igual que como ocurrió tras el 11 de septiembre, tendrá repercusiones sobre lo que ocurra en los próximos años no solo en el medio oriente sino en todo el mundo.

Así como la Guerra de Irak pudo influir en el surgimiento del Estado Islámico, lo que los estados que enfrentan el terrorismo deben prever es que sus acciones no den lugar a grupos aún más radicales de los que ya existen hoy en día.