Acciones Reconciliadoras

Desminar para vivir

El general Rafael Colón, director de Acción Integral contra Minas, fue galardonado por el Premio Nacional de Paz 2015 en la categoría de Liderazgo por la Paz.

Por: Laura Campos Encinales, periodista de revista Semana
Noviembre 19 de 2015
Foto tomada de Twitter.


Como oficial de la Infantería de Marína, Colón cumplió una labor destacada en la desarticulación de los grupos paramilitares que operaban en la región de Montes de María. Hoy en día, al frente del proceso de desminado humanitario, en el que participan conjuntamente miembros de la Fuerza Pública y guerrilleros de las Farc, ha demostrado no solo que es posible empezar desde ya a mitigar los efectos de la violencia en la población civil, sino que antiguos combatientes pueden encontrar un propósito común y trabajar juntos con este fin.

"Vivimos en el mismo pueblo, crecimos en las mismas calles; ahora construyendo puntos de encuentro", escribió el General en su cuenta de Twitter al publicar una foto en la que aparece al lado del comandante guerrillero Pastor Alape, con quien trabaja en el desminado humanitario.

La revista regional Meta de Semana publicó esta entrevista con el General Colón, que reproduce Reconciliación Colombia. 

¿Qué es lo peor de una mina?

La guerra pasa y la mina queda. Las mina produce destrozos de por vida en las comunidades. A la persona que la pisa se le destruyen su vida, sus aspiraciones y sus proyectos al mismo tiempo. Psicológicamente el impacto es muy fuerte.

¿Qué implica desminar en medio del conflicto?

Desminar en medio del conflicto abre oportunidades para que los campesinos puedan tener muy pronto acceso a sus tierras libres de minas. Permite a las instituciones proteger territorios a los que desde hace décadas no llegan, y le demuestra al mundo que Colombia tiene la valentía suficiente para hacer ejercicios de reconciliación y de restitución de derechos en medio del conflicto.

¿Qué es para usted el desminado humanitario?

Restituir derechos y entregar tierras liberadas del yugo de las minas.

Cuando se entra a desminar una zona poblada, ¿qué hay que tener en cuenta?

Es imperativo es contar con información precisa y confiable sobre las áreas sospechosas de tener minas y demarcarlas muy bien. Pero tal vez lo más importante es educar a la población en riesgo. Enseñarles cómo identificar un posible campo minado, qué hacer en caso de caer en uno y cómo asistir a sus coterráneos si pisan uno de estos artefactos. Involucrar en esto a toda la institucionalidad presente en la zona es crucial, porque de esa manera se garantizará que la remoción de las minas trascenderá y se traducirá en desarrollo para los afectados. Instalar servicios públicos y vías de acceso es hacer la presencia que el Estado antes no hizo.

¿Por qué el Meta es uno de los departamentos que se han priorizado para el desminado?

La estrategia y las políticas para desarrollar desminado humanitario están diseñadas para comenzar por sitios donde mayor vulnerabilidad hay y el Meta es el segundo departamento más afectado por las minas después de Antioquia, con 1.124 víctimas. La intensidad con que se ha desarrollado el conflicto en ese departamento hizo que las minas fueran utilizadas masivamente por los grupos armados para contrarrestar la avanzada del Ejército y conllevó a que este territorio se infestara de ellas. De hecho, el Meta alberga el municipio con más víctimas de minas: Vista Hermosa. El mayor reto que tiene este gobierno es llegar a ese departamento y construir estrategias con los gobiernos regional y local para retirarlas cuanto antes.

En 2012, El Dorado (Meta) fue declarado municipio libre de sospecha de minas, ¿cómo fue ese proceso y qué representó?

Fue un proceso muy activo por parte del Batallón de Desminado Humanitario del Ejército con el que se logró obtener información precisa de la propia comunidad para liberar la zona de estos explosivos. En la medida en que tengamos mayor capacidad de respuesta esperamos llegar a otros territorios donde también existe este flagelo.

¿Cuál es la mayor lección aprendida que deja la experiencia de El Orejón?

La mayor satisfacción que deja ese caso es la manera tan receptiva con que la comunidad ha recibido al grupo -compuesto por militares, guerrilleros de las Farc, integrantes de Ayuda Popular Noruega y representantes del Gobierno nacional- que trabaja allí. Otra lección aprendida es que hay que trabajar en equipo, plantearse objetivos comunes y, lo más importante, construir diálogos libres de ideología y totalmente despolitizados: simplemente humanos.

¿Cómo confiar en un actor armado en un tema tan crucial como este?

El proceso de paz con las Farc ha llegado a un punto de madurez tal, que en el trasegar hacia ese estado sus miembros nos han dado muestras inequívocas de que este grupo armado tiene la voluntad de lograr un acuerdo definitivo con el gobierno que no pondrían en riesgo proporcionando datos errados. Esa voluntad que nos demuestran en la mesa de negociaciones y en el proyecto piloto deja ver que es necesario ir derribando los temores y los mitos y construir de manera conjunta el camino hacia una Colombia en paz.

¿Cómo sería Colombia libre de minas?

Sería un territorio en el que los niños podrían correr libremente, disfrutar de la ruralidad en que viven, de los paraísos naturales con que cuentan. Es caminar sin miedo hacia la escuela y allí formarse como una generación de creadores de paz y desarrollo. Todo lo que las minas han impedido.