Postulación de la Asociación Campaña Colombiana Contra Minas

Las minas antipersonal son conocidas a nivel global como “el soldado excelente”, aquel que permanece activo y atento las 24 horas del día, sin necesidad de comer o dormir. Pero es también un enemigo silencioso incapaz de discernir entre civiles y militares, niños y adultos, hombres y mujeres. En un conflicto armado basado en la guerra móvil de guerrillas, las minas se han convertido en un arma de guerra que no entiende de campos de batalla.

Si hay un tema transversal que actualmente esté en debate en la mesa de negociaciones de paz de La Habana es este. La restitución de tierras, la reparación a las víctimas o la sustitución de cultivos ilícitos (en la medida en la que muchos erradicadores manuales son víctimas de minas) constituyen temáticas en las que las minas antipersonal, las municiones sin explotar, los artefactos explosivos improvisados y los remanentes explosivos de guerra son un condicionante importante.

Así lo reconocieron las partes, al anunciar un proyecto piloto para el desminado humanitario el pasado mes de marzo, el primer acuerdo que se hace efectivo e implementa sobre el terreno y que la Campaña Colombiana Contra Minas (CCCM) promovió enérgicamente.

Con más de 15 años de experiencia trabajando sobre el territorio colombiano en 22 departamentos, la CCCM es un referente a nivel nacional sobre la problemática de estos artefactos explosivos y sus consecuencias en la población civil y las comunidades campesinas más alejadas de nuestra geografía. Su presencia comunitaria a través de la Educación en el Riesgo de Minas (ERM), la asistencia y acompañamiento a las víctimas, además de la incidencia en autoridades locales y nacionales para que incluyan estos temas en sus políticas públicas, han sido una herramienta fundamental para ayudar a las comunidades a sobrellevar la presencia de estas armas y prevenir nuevos accidentes.

La reconciliación la construimos a diario y en cada lugar del país con y desde las comunidades. En eso la CCCM tiene una vasta experiencia, participando en procesos como los que se originaron en la vereda Micoahumado (municipio de Morales, Bolívar) en 2003, donde la comunidad con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil y el Gobierno pudo iniciar un diálogo con grupos armados no estatales para solicitar el desminado de sus territorios.

Del mismo modo, la CCCM participó en el proceso comunitario iniciado en Samaniego en junio de 2006 alrededor de la “Gran Asamblea”, para revisar la crisis humanitaria creada a raíz de la siembra de minas antipersonal en cerca de 14 veredas.

Con más de 11.000 víctimas en el país a causa de estas armas y encabezando, junto con Afganistán, las listas mundiales de nuevas víctimas por año, la CCCM ha desarrollado estrategias comunicativas capaces de interactuar con todos los actores y ha participado de campañas internacionales como la de “Remángate” y Suelos de Paz. Desde el pasado mes de abril, la CCCM también ha creado campañas comunicativas propias como la de #SIGUENAHÍ, que alerta sobre la permanencia de estas armas en los territorios, pese a los avances del desminado humanitario.

Su vasta red de cerca de 600 voluntarios en veredas de 180 municipios ofrece la oportunidad de extender, a su vez, la presencia de Reconciliación Colombia en el territorio y su capacidad de conocer, profundizar y difundir las iniciativas de construcción de paz y solidaridad en todo el país. Asimismo, en el territorio, la CCCM cuenta con alianzas con medios de comunicación locales, como periódicos y radios comunitarias que difunden mensajes de comportamientos seguros. También es miembro de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersonal (ICBL, por su sigla en inglés).