Acciones Reconciliadoras

Los personajes de la reconciliación en 2015

Hombres y mujeres que contribuyeron desde diversos ámbitos, en Colombia y en el mundo, a una sociedad más incluyente, igualitaria y con mayor capacidad de convivencia.

Diciembre 20 de 2015
Fotos: Archivo Semana 


La posible firma de un acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc está cada vez más cerca y eso se debe, en gran medida, a los importantes avances que se lograron en el 2015. 

Un grupo de personas que contribuyó en gran medida a esos avances, hace parte de esta lista. También, funcionarios y miembros de organizaciones sociales que, desde diversos ámbitos siguen trabajando por una sociedad más incluyente e igualitaria.

Estos son los 10 personajes del año, para Reconciliación Colombia.
 
  Subcomisión jurídica del proceso de paz

Un grupo de juristas logró en unas cuantas horas resolver el nudo gordiano que tuvo trabada por más de un año la negociación de paz en La Habana: el acuerdo de justicia.
Según contó posteriormente el comandante de las Farc, alias ‘Timochenko’, la idea surgió de una reunión suya con Enrique Santos, hermano del presidente, en la que se buscaban fórmulas para solucionar la crisis en que se encontraba el proceso en ese momento.

El Gobierno designó entonces a Manuel José Cepeda, expresidente de la Corte Constitucional; Juan Carlos Henao, Rector de la Universidad Externado de Colombia, y Doug Cassel, experto internacional en materia de Derechos Humanos, mientras que las Farc hicieron lo propio con el ex ministro y ex congresista Álvaro Leyva, y el abogado español, Enrique Santiago. 

Fueron cinco días de trabajo continuos, según reveló después Leyva, con un promedio de 10 horas cada uno. La última fue una sesión muy intensa, en la casa de Juan Carlos Henao, que se extendió desde las 9:30 a.m. hasta las 6:30 a.m. del día siguiente.

El resultado fue un acuerdo trascendental, en el que primó el concepto de justicia restaurativa, en el que quienes se sometan a ella no cumplirán penas de prisión, sino sanciones que tengan valor reparador para la comunidad.

Aunque algunos sectores han criticado el acuerdo porque no da la suficiente dosis de justicia, otros expertos lo han elogiado como un ejemplo para el mundo de cómo lograr el equilibrio entre la justicia y la paz.
 
  Enrique Santos Calderón 

Desde que Juan Manuel Santos llegó a la Presidencia de la República y decidió sacar adelante el proceso de paz con las Farc, su hermano Enrique ha jugado un papel fundamental. 

Primero como líder del equipo que definió la agenda y la mecánica de las negociaciones durante la fase exploratoria y confidencial del proceso, y últimamente como el ‘mensajero personal’ del Presidente para capotear directamente con ‘Timochenko’  los desacuerdos más fuertes en la Mesa de Conversaciones. 

Y es que en por lo menos dos ocasiones durante el 2015, Enrique Santos viajó a La Habana para reunirse con el máximo comandante de las Farc. De la primera reunión, que buscaba destrabar la negociación en el punto de justicia transicional, salió la subcomisión jurídica que redactó el acuerdo.

De la segunda, ocurrida a finales de noviembre, salió el impulso necesario para que las partes superaran la crisis que se desató por las discrepancias en la interpretación del documento de justicia. Sólo tres semanas después se firmó el acuerdo completo de víctimas. 

El secreto de Santos es cumplir con los requisitos para ser una figura de confianza tanto para el establecimiento colombiano como para las Farc; militó en la izquierda, conoce a algunos de los negociadores de la guerrilla desde hace varias décadas y fue director de El Tiempo, el diario más importante del país. No es descabellado decir que es un hombre clave tras los bastidores de la negociación.
 
  Rafael Colón

El General (r) Rafael Colón, recordado por la valentía con que combatió a las autodefensas en la región de Montes de María cuando se desempeñaba como comandante de la Infantería de Marina, asumió desde mayo pasado la labor de desminado humanitario acordada por el Gobierno y las Farc en La Habana.

Junto con ‘Pastor Alape’, que coordina el grupo de guerrilleros de las Farc que participa en el proceso, no solo contribuyeron a recuperar la confianza de los colombianos en el proceso de paz, en un momento en que la negociación está en crisis, sino que demostraron que es posible sanar las heridas del pasado y reconciliarse con quien en el pasado era visto como el enemigo.

Ambos crecieron en la población Honda (Tolima) pero la vida los llevó a enfrentarse en el campo militar. Ahora trabajan juntos por un mismo fin, que ya ha producido resultados concretos. 

Después de 7 meses de trabajo, la vereda ‘El Orejón’, uno de los lugares más afectados por las minas en el país, está cerca de quedar libre de sospecha de minas. 33 artefactos explosivos han sido desactivados en más de 14 mil metros cuadrados de territorio.

"Vivimos en el mismo pueblo, crecimos en las mismas calles; ahora construyendo puntos de encuentro", escribió el General en su cuenta de Twitter.
 
  Los gobernantes locales de la reconciliación

Uno de los papeles más importantes durante el posconflicto lo tendrán los mandatarios locales y regionales que comienzan sus periodos el 1 de enero de 2016.  Por sus manos pasará, nada más y nada menos, la aplicación de los acuerdos de La Habana y las políticas para construir la paz territorial de la que tanto habla el Gobierno. 

Lo bueno es que hay esperanza. En este periodo que termina hubo una camada de alcaldes y gobernadores que demostraron que sí se puede trabajar por construir paz en las regiones. El ejemplo perfecto son los seis ganadores de la primera versión del reconocimiento a los mejores gobernantes con políticas de reconciliación entregado por Colombia Líder, Reconciliación Colombia, OIM y USAID 

El gobernador del Meta Alan Jara; la alcaldesa de San Carlos (Antioquia), Maria Patricia Giraldo (en la foto); el de Cali, Rodrigo Guerrero; el de Caucasia  (Antioquia), José Nadin Arabia; el de Amalfi (Antioquia), Óscar Mario García, y el de Tota (Boyacá), Yuri Neil Díaz, llevaron a cabo proyectos de reconciliación incluso desde cuando no había proceso de paz.   

Su experiencia debe servir de ejemplo a sus sucesores y debe ser aprovechada por el Gobierno nacional una vez se firmen los acuerdos de La Habana.
 
  La comunidad de Bojayá

13 años después de la masacre que dejó un centenar de personas muertas, cerca de la mitad de ellas niños y niñas, la comunidad de Bojayá escuchó un reconocimiento de responsabilidad de parte de las Farc.

Siete miembros de ese grupo, encabezados por ‘Pastor Alape’ reconocieron frente a cerca de mil personas de la comunidad el inmenso daño que provocaron con el lanzamiento de un cilindro bomba que cayó en la iglesia en donde buena parte de la población trataba de protegerse.

“Nosotros también hemos llorado con respeto y honradez por la muerte inocente de quienes esperaban misericordia, por los hombres y mujeres, ancianas, ancianos, niñas y niños. Hace 13 años que pesa en nuestros hombros el dolor desgarrador que les afecta a todos ustedes”, señaló Alape.

Aunque la búsqueda de la verdad sobre este episodio no se acaba allí (quedan pendientes las responsabilidades individuales de todos los actores que tomaron parte en este hecho), este reconocimiento es un ejemplo de lo que vendrá en la búsqueda de construcción de memoria y recuperación de la verdad.
 
  Natalia Ponce de León

Este fue el año de la resurrección para Natalia Ponce de León.  La mujer que en marzo de 2014 sufrió un ataque con ácido sulfúrico que le produjo quemaduras en la tercera parte de su cuerpo hoy es la voz de las víctimas y logró impulsar una ley para castigar más severamente a los agresores. 

La imagen de Natalia dando la cara –tapada por una máscara debido a las lesiones que le causó el ataque– en una rueda de prensa y sus múltiples testimonios dolorosos en los medios de comunicación sensibilizaron a la opinión pública, que se estaba acostumbrando a ver los ataques con ácido como parte del paisaje.

La nueva ley (que lleva su nombre) califica estos ataques como un delito autónomo y no como una lesión personal. Eso permitirá, una vez la ley sea sancionada por el Presidente, que las penas lleguen incluso a los 30 años dependiendo de la sevicia con la que haya actuado el agresor.   

Esto fue posible porque Natalia no se escondió a pesar del dolor y las heridas emocionales que le dejó el ataque. Su valentía es ejemplo de resistencia. 
 
  Los familiares de las víctimas del Palacio de Justicia

30 años después de la toma y retoma del Palacio de Justicia, que dejó más de un centenar de personas muertas, la verdad de lo ocurrido allí sigue sin conocerse.

El pasado 6 de noviembre, al conmemorarse el trigésimo aniversario de la toma, el Presidente Santos pidió, tal como lo ordenó la Corte Interamericana de Derechos Humanos, perdón a los familiares de las víctimas de la sangrienta toma. 

Días después, en un acto en la Universidad de Ibagué, el presidente de la época, Belisario Betancur, hizo lo propio con el actual Ministro de Justicia, Yesid Reyes, y el rector de esa universidad, Alfonso Reyes, hijos del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, uno de los magistrados asesinados durante la operación.

Pero estos actos simbólicos no han resuelto la necesidad que tienen los familiares de las víctimas del Palacio de Justicia de alcanzar la verdad. 

Aunque hay evidencias de la posible desaparición de 13 personas en la toma, la justicia colombiana solo ha reconocido dos, la de la guerrillera del M-19, Irma Franco, y la del administrador de la cafetería del Palacio, Carlos Rodríguez. Su hija, Alejandra, que estaba recién nacida el día de la toma, ahora es una de las familiares que lidera su búsqueda.

El Coronel Alfonso Plazas Vega, a quien la justicia condenó a 35 años de prisión, en primera y segunda instancia como responsable de las desapariciones, fue absuelto, lo que deja el caso, de nuevo, en la impunidad, pues 30 años después la justicia colombiana sigue sin establecer quién o quiénes ordenaron las desapariciones.
 
  Ciro Guerra

‘El Abrazo de la serpiente’, la tercera película del director colombiano, cuenta una historia que sin hablar directamente del conflicto armado sí explora temas que están íntimamente ligados con la reconciliación.

Basada en los diarios de viaje de dos exploradores del Amazonas, Theodor Koch-Grünberg y Richard Evan Schultes, muestra los efectos de la colonización en las comunidades indígenas de la selva, muchas de las cuales desaparecieron después de haber sido documentadas por estos científicos.

El frenetismo con el que los colonos llegan a la selva, en busca de tesoros naturales como el caucho o la quina, y la manera como la armonía de las comunidades indígenas se rompe por esta ambición, son el elemento esencial de esta película. Este choque cultural se traduce en violencia y destrucción.

‘El abrazo de la serpiente’, ganadora del premio Art Cinema Award en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, candidata colombiana a los premios Oscar y nominada al premio Spirit de cine independiente, ha mostrado que hay otras formas de mostrar nuestra violencia en el cine y que este medio artístico, en los próximos años, será una herramienta fundamental para la recuperación de nuestra memoria y para la construcción de un relato colectivo de país.
 
 
  Iván Velázquez

El hombre que lideró las investigaciones por la parapolítica y que destapó los vínculos entre los paramilitares y la clase política en Colombia es el hombre del año en Guatemala.  
Al frente de la de la Comisión Internacional contra la Impunidad de Guatemala (Cicig), organismo adscrito a las Naciones Unidas,  lideró una investigación sobre una red de corrupción en las aduanas de ese país que terminó con la renuncia y la captura del presidente Otto Pérez Molina. 

Las revelaciones de Velázquez y su equipo indignaron a la opinión pública guatemalteca, que salió a las calles a exigir sus derechos y a pedir la renuncia del Presidente.  Algo extraño en un país apático que apenas en 1996 consiguió la paz después de casi cuatro décadas de conflicto armado y que aún trata de curar sus heridas. 

Gracias a ese trabajo la revista Foreing Policy destacó al colombiano como uno de los grandes líderes mundiales en la lucha contra la corrupción.

Su trabajo será clave y necesario nuevamente en Colombia, cuando llegue la hora de implementar los acuerdos de paz y de juzgar a los máximos responsables de crímenes atroces.


 
  Aylan Kurdi

El cuerpo de un niño de tres años muerto a la orilla de una playa turca fue, sin duda, la imagen más impactante de todo el 2015. La escena logró resumir de forma cruda la dureza de la crisis humanitaria de millones de refugiados sirios que buscan llegar a Europa para huir de la guerra en su país. 

El protagonista se llamaba Aylan Kurdi, un niño de Kobane –una ciudad kurda al norte de Siria– que tuvo que salir  desplazado junto a su padre, su madre y su hermano Galip (de 5 años) por ataques del autoproclamado Estado Islámico (ISIS).  

Su padre soñaba con llevarlos a Europa para comenzar una nueva vida lejos de la guerra, pero el bote de cinco metros que los transportaba ilegalmente de Bodrum (Turquía) a las costas de Grecia se estrelló. Aylan, Galip y la madre se ahogaron y al día siguiente Nilufer Denim captó la imagen que le dio la vuelta al mundo y que puso a los refugiados en el radar. 

El resultado fue que los países más fuertes de Europa y especialmente Alemania tomaron medidas para ayudar a los refugiados: abrieron casi 200.000 plazas repartidas entre varios países y crearon centros para ayudarlos y reubicarlos. Canadá, por otro lado, le otorgó el asilo a su padre, el único sobreviviente.

Sin quererlo, Aylan se convirtió en el motivo para que el mundo actuara a favor de los refugiados y en el símbolo de una tragedia que no termina.