Los retos de la reconciliación en el 2016

Uno de los desafíos a los que no deberíamos hacerle más el quite es al reencuentro entre los colombianos, independientemente de si se firma o no el acuerdo de paz de La Habana.

Enero de 2016

El panorama político para Colombia en el 2016 promete una gran agitación por cuenta del desenlace del proceso de paz, que se prevé para marzo de 2016, pero cuyo desarrollo inicia de forma temprana con la discusión del cese del fuego.

En todo caso, sectores de la sociedad civil que había sido usualmente distantes con estos temas -por prevención o por desconocimiento- ahora quieren dar su aporte decisivo a la construcción de un país que no recurra a la violencia con el mínimo pretexto para eliminar al otro, como hasta ahora ha ocurrido.

Por eso, qué bien que en el 2016 los colombianos avancemos en el entendimiento de las causas profundas que han impedido nuestra reconciliación y eso nos permita, a la vez, cambiar nuestras actitudes y comportamientos.

Aquí les presentamos algunos de los retos más relevantes del 2016:

1. Que los colombianos trabajen por la reconciliación, independientemente de los resultados de La Habana. Esto teniendo en cuenta que la reconciliación se construye día a día y en cada lugar del país y no depende exclusivamente del escenario de las conversaciones de paz entre la administración Santos y las Farc. Así, los colombianos tendríamos que esmerarnos en revisar las prácticas cotidianas que nos hacen clasistas, excluyentes, agresivos y, por qué no, violentos.

2. Que los colombianos veamos las dos caras de la reconciliación: una individual y otra colectiva. Trabajar por entender que es necesario revisar nuestros prejuicios, actitudes y comportamientos y, a la vez, también tejer los lazos de confianza rotos por el conflicto y las violencias asociadas. Esto significa trabajar en dos ámbitos igualmente importantes, pues ambos inciden directamente en el cambio favorable de los entornos.

3. Que los colombianos asociemos la reconciliación a trabajar por transformaciones profundas. Avanzar en el entendimiento cosmético de la reconciliación a realidades profundas que la impiden en lo cotidiano. Esto nos permitirá ir más allá de los abrazos y manifestaciones de perdón a tomar medidas reales y concretas para reducir las brechas sociales, económicas y políticas que impiden el reencuentro entre los colombianos (el racismo, el clasismo, la inequidad, la exclusión, el cierre de espacios de participación, entre los principales).
 
4. Que aquellos que ostentan cargos de elección popular trabajen con este mandato. Los gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de Juntas Administradoras Locales (JAL) posesionados el primero de enero 2016 tienen un claro mandato por el contexto de país. Trabajar por los derechos de las víctimas, la reintegración de excombatientes, oportunidades para los grupos más vulnerables se convierte en una prioridad, más allá de los gestos de buena voluntad de cada elegido. Si los mandatarios regionales y locales toma en serio su papel, indudablemente el camino de la reconciliación se aligerará.
 
5. Que el proceso del plebiscito sea transparente. Varios sectores de oposición han advertido el riesgo de que, firmado el acuerdo de paz, el Gobierno use los recursos públicos y su poder frente a los nuevos gobernadores y alcaldes para influenciar a las administraciones regionales y locales a mover toda su burocracia en torno al sí. De la posibilidad que haya de exponer argumentos por el sí y por el no en relación con la refrendación de los acuerdos también dependerá el reencuentro ente los colombianos, pues esto muestra el grado de madurez democrática. Un tema adicional y de no poca monta es que quedó estipulado en la ley que no habrá recursos para ninguna de las dos campañas
 
6. La implementación de la cátedra de la paz. Esta ya es ley de la república y lo que se necesita es una aplicación asertiva. El profesor de bachillerato Arturo Charria revisó los textos escolares con los cuales se les enseña historia a los jóvenes en los colegios y encontró que no explican por qué se produjo el conflicto armado y cuáles son las razones históricas para que nos encontremos en la situación actual. La idea de la cátedra de la paz es que se llene este vacío que ha sido reemplazado sin éxito por información descontextualizada, apasionada y superficial, mucha de esta manejada por los medios de comunicación. 
 
7. Involucrar a las nuevas generaciones en un tema tan crucial como la reconciliación. La información superficial y apasionada ha ocasionado que las nuevas generaciones se sientan saturadas y, como consecuencia, hayan creado una barrera emocional e intelectual que les impide aproximarse al tema y entender el dolor y sufrimiento que para muchísimas familias en el país representa y ha representado el conflicto armado por décadas enteras. Por eso, la idea es buscar estrategias que establezcan un diálogo con los niños y jóvenes no tanto discusivo, como sí muy próximo y a través de asuntos que toquen su cotidianidad. Como metodología, los testimonios que puedan ser llevados a sus colegios e investigaciones que puedan ellos mismos adelantar dentro de sus casas y ambientes próximos le funcionó muy bien al profesor Charria.
 
8. Que los líderes políticos entiendan su papel y contribuyan a desactivar los odios y la polarización. Colombia no es el único país que tiene grandes diferencias en abordar su realidad. Sin embargo, sí es una de las sociedades que recurre a la eliminación física del otro por sus diferencias ideológicas, usando para ello mano de obra propia o mano de obra contratada. La idea es que los colombianos comencemos a ver que quien piensa diferente es un adversario, no un enemigo.