Cese bilateral: ¿Qué hace falta?

Luego del acuerdo sobre víctimas, las Farc y el Gobierno comienzan a definir los detalles del mecanismo que permitirá terminar definitivamente las confrontaciones.

Enero de 2016

Tal y como va la agenda de la Mesa de Conversaciones en La Habana, el 2016 puede ser el año en el que los fusiles se silencien definitivamente.

Luego de evacuar el tema de víctimas y justicia transicional, el Gobierno y las Farc tendrán que definir cómo va a funcionar en la práctica el cese al fuego bilateral y definitivo, que no es otra cosa que dejar de disparar y de realizar actividades ilegales.

Desde agosto de 2014 hay una subcomisión que estudia propuestas para que el cese sea una realidad en un país con territorios y realidades como las de Colombia, pero hasta ahora esas propuestas van a pasar a la mesa principal, que las estudiará y definirá los mecanismos.

En ese mismo punto, la Mesa tendrá que definir cómo funcionará la dejación de las armas, la reincorporación de los guerrilleros a la vida civil y las garantías de seguridad para los desmovilizados de las Farc.

Los que conocen la mecánica de las conversaciones dicen que las propuestas que se discuten en esa subcomisión son muy realistas debido a que la conforman personas que conocen la realidad del conflicto colombiano en el terreno. Por el lado del Gobierno hay un grupo de militares activos liderados por el general Javier Flórez y por el lado de las Farc, un grupo de guerrilleros de alto rango del que hace parte alias ‘Romaña’.

Además, desde septiembre de 2015 se les unieron Jean Arnault, delegado de las Naciones Unidas, y José Bayardi, excanciller de Uruguay, país que actualmente ejerce la presidencia de Unasur. Ambas entidades asesoran a los equipos en temas netamente técnicos y se espera que una de las dos (o ambas)  ejerza la verificación en terreno de un eventual cese.  

Las zonas de concentración

El tema que más distancia a las delegaciones del Gobierno y las Farc en términos del cese al fuego bilateral es el de las zonas de concentración.

En la mayoría de casos internacionales, el grupo armado que negocia con el Estado se concentra en algunos lugares de la geografía nacional para el cese al fuego sea verificable y funcione. Así paso, por ejemplo, en El Salvador.

El Gobierno quiere un mecanismo similar y propone que las Farc concentren a todas sus tropas en máximo 10 sitios, en donde las Naciones Unidas verificarían el cumplimiento del cese de hostilidades. Esos sitios tendrían escaza o nula presencia de la población civil.  

Las Farc, por su parte, quieren que se implementen ‘zonas especiales de paz’ (Terrepaz). Pero a diferencia de las zonas que se imagina el Gobierno, serían sitios con población civil en donde la guerrilla tenga “influencia histórica”.

Además, piden que estas zonas tengan “regulaciones específicas sobre la organización política, económica, social, ambiental y de seguridad integral, participativa, autogestionaria y comunitaria”. Incluso han afirmado que estos lugares estarían desmilitarizados, algo que ha negado tajantemente el Gobierno.

Para Francisco Diez, encargado para América Latina de la matriz de acuerdos de paz de la Universidad de Notre Dame, “no hay fórmulas universales para hacer un cese al fuego”, por lo que recomienda “que los negociadores no se pongan camisas de fuerza teóricas o abstractas escogiendo entre fórmulas generales sino que analicen la realidad de los territorios donde los acuerdos se deberán implementar”.

En ese sentido, la solución que encuentren el Gobierno y las Farc tal vez sea diferente a lo que se ha hecho en todo el mundo. Lo único cierto es que en esas zonas es donde comenzará la desmovilización de los guerrilleros y en donde se realizará la dejación de las armas.

La clave es la verificación

Para Diez, “un buen acuerdo debe incluir un mecanismo de verificación o monitoreo”, pues muchas veces esa es la clave para que el cese al fuego funcione y la opinión pública confíe en lo que se está logrando.

“La composición de ese mecanismo es crucial y suele ser más eficaz cuando se incluye presencia extranjera y e cuando hay una agenda de negociaciones a futuro para ‘aceitar’ los problemas de implementación”, agrega el profesor.

El Gobierno y las Farc tienen claro que la verificación tiene que ser internacional. De hecho,  el propio Presidente Santos ha adelantado gestiones con los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU para que ese organismo acepte la tarea.

Al final, y según los expertos, quien termina definiendo cómo va a funcionar en la práctica el cese es el verificador. En El Salvador, las Naciones Unidas fue quien les dijo al Gobierno y al FMLN cuántas zonas de concentración podían monitorear teniendo en cuenta los recursos disponibles y cómo tendrían que ser en la práctica.

Todas estas definiciones llevan tiempo, por lo que el Gobierno y las Farc tendrán que ser muy precisos y rápidos si planean terminar las negociaciones en marzo del 2016.