RECONCILIACIÓN DESDE LAS REGIONES

Publicado 18-02-2016


REGIONES. El Gobierno cree que el proceso de paz debe hacerse desde lo territorial para lograr el cierre del conflicto. 

Publicado en El Espectador, 7 de Noviembre de 2013
Foto: Reconciliación Colombia
 
El acuerdo de participación política que anunciaron las delegaciones del gobierno Santos y las Farc en La Habana (Cuba) tiene un claro mensaje: el escenario del posconflicto está centrado en las regiones, especialmente aquellas que han sido afectadas por el orden público. Es en esos territorios donde la guerrilla quiere participar en política, sin desatender compromisos y retos nacionales en el marco de un estatuto de garantías para la oposición en pleno ejercicio.

Quedó acordada la revisión integral del sistema de planeación participativa, con énfasis en seguimiento a los planes de desarrollo. Un enfoque decididamente en favor de generar espacios regionales para el control ciudadano y la política. Consejos territoriales de planeación, consejos para la reconciliación y la convivencia, y circunscripciones transitorias especiales de paz para promover la integración territorial. No cabe duda de que el laboratorio del posconflicto está en las zonas donde hoy protagoniza la guerra.

Sin asomo de duda, el punto más específico del acuerdo lo define: “Durante un período de transición estas poblaciones tendrán una representación especial de sus intereses en la Cámara de Representantes, sin perjuicio de su participación en las elecciones ordinarias”. De concretarse el acuerdo para el final del conflicto entre el Estado y las Farc, hay que pensar desde ya en que el país tiene que reordenar política y administrativamente sus enfoques. La meta será una nación reconciliada desde sus regiones.

Si a estas evidencias se suman los contenidos del acuerdo agrario suscrito en La Habana el pasado 26 de mayo, claramente orientados a fortalecer las comunidades campesinas y desarrollar un modelo de restablecimiento pleno del potencial agrícola nacional, el desafío de 2014 cobra otra dimensión. Si se firma la paz, la prioridad será la integración territorial, la priorización de la economía campesina y comunitaria, y, como afirman las mismas Farc, “el cierre de la brecha entre el campo y la ciudad”.

En una conferencia en la Universidad Externado del pasado mes de mayo, el propio alto comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, había admitido esa necesidad inaplazable: “Si uno lo piensa bien, en Colombia no ha habido un verdadero proceso de paz. Ha habido procesos exitosos en el pasado con el M-19, el EPL o la Corriente de Renovación Socialista, pero no ha habido un proceso de paz territorial, no ha habido un proceso que se instale en las regiones y logre el verdadero cierre del conflicto”, dijo.
 
¿Qué dicen los que tendrán parte de la misión de hacerles espacio a las Farc en la democracia? El representante a la Cámara Simón Gaviria, director del Partido Liberal, calificó como “valioso que las curules de regiones apartadas las puedan obtener aquellos sectores que no han tenido representación política y que permanezcan los esquemas de paz y pluralidad democrática”. Por su parte, el vicepresidente Angelino Garzón cree que precisamente desde lo regional, la guerrilla “tiene que ganarse el corazón y el sentimiento de la población con hechos de paz, más allá de los discursos”.

El presidente del Senado, Juan Fernando Cristo, al conocer anoche el informe del acuerdo alcanzado en La Habana, explicó —como vocero de la Mesa de Unidad Nacional— que la circunscripción especial para Cámara de Representantes “no son curules que se asignarán a las Farc”, sino que se entregarán en “una competencia abierta” en las zonas de mayor intensidad del conflicto.

Para el expresidente Ernesto Samper, el acuerdo sobre el punto de la participación política “reconoce el hecho latinoamericano de que los movimientos sociales son los nuevos protagonistas de la política y no los viejos partidos”. Sin embargo, también hay posturas como la del expresidente Álvaro Uribe, quien a través de Twitter cuestionó que “se negocie la institucionalidad democrática con Farc, el cartel de drogas, secuestro y asesinato más grande del mundo”. Asimismo, consideró “inaceptable” que se negocien con la guerrilla las normas que garantizarán el ejercicio de la oposición en el país.

Queda claro entonces que el pulso por el poder será desde lo local y lo regional, y que las elecciones de 2015 a alcaldías, concejos, gobernaciones y asambleas, serán el punto de partida para la consolidación de la paz, si es que finalmente se firma un acuerdo en Cuba. Y también que esa consolidación depende no sólo de reformas constitucionales, sino también del rediseño de políticas públicas, de nuevos desarrollos legales, de asignación de recursos, entre otros aspectos. Cambios institucionales que de una u otra manera implican el tránsito hacia un nuevo modelo de Estado, más federal y menos centralizado.

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