LOS TORTUOSOS CAMINOS DE LA RECONCILIACIÓN

Publicado 18-02-2016

Una sociedad como la nuestra, atravesada por las heridas y cicatrices que le han dejado sus múltiples y destructivos conflictos internos, debe entender que en el perdón y la reconciliación tiene la oportunidad de reinventarse y de encontrar nuevos caminos, esos que la conduzcan a tiempos de paz y bienestar para todos.

Editorial de Hoy, Diario del Magdalena
Publicado el 26 de febrero de 2014
Foto: Juan Carlos Sierra, Reconciliación Colombia


No son palabras bonachonas al viento. Son los términos que se requieren para desactivar la pesada carga de odios atribuibles a una confrontación irregular, devastadora y de permanente degeneración: de secuestros, de desapariciones, de masacres, de actos terroristas, de desplazamientos forzados, de violaciones, de niños reclutados, de ejecuciones sumarias, de pueblos arrasados, de tejidos sociales rotos y de desesperanzas y en muchas veces de orfandad y de hambre.

Cómo paliar, cómo aliviar, cómo superar, cómo curar, cómo reparar tanta y tan acumulada destrucción entre colombianos, entre habitantes de una geografía extensa y diversa, pero a la vez común. ¿De qué manera enfrentar y derrotar la perversidad que se ha incubado en décadas de divisiones y agresiones y daños mutuos y permanentes?

Surge, frente a estas circunstancias complejas y entramadas, una propuesta de estímulo a las acciones regionales. Se llama Reconciliación Colombia. La apuesta es facilitar que desde experiencias y escenarios de la escala local se promuevan el diálogo y el reencuentro de las víctimas y actores del conflicto armado, y sus entornos familiares y sociales, golpeados por una violencia variopinta.

Citamos este párrafo de la presentación institucional del proyecto, que resume parte de sus propósitos iniciales:

“Reconciliación Colombia nace por la necesidad de enviar un mensaje a la sociedad colombiana de la importancia de iniciar un proceso de reflexión y acción hacia la recuperación y reconstrucción de la confianza, el empoderamiento de los grupos sociales, el verdadero valor estratégico de los territorios, el restablecimiento de los derechos, el resurgimiento de las tradiciones, la creación de oportunidades a quienes ha querido cambiar, entre otros”.

Se trata de un equipo integrado y apoyado por cerca de medio centenar de empresas y entidades privadas y públicas, nacionales e internacionales, entre las cuales los medios informativos y de comunicación estamos llamados a cumplir un rol determinante de difusión e interlocución.

Estamos convencidos de que este trabajo conjunto nos abrirá camino, de la mano de las comunidades regionales, a estadios y procesos de recuperación de la confianza y revitalización de las energías y el poder ciudadanos. Es un imperativo escribir este capítulo de integración de saberes y experiencias (negativas y positivas) que nos ha impuesto más de medio siglo de confrontación armada.

Caminar hacia el posconflicto, de ser posible la solución negociada de la guerra interna – y aún si no-, nos traerá innumerables retos de resiliencia (de absorción y sanación creativa y productiva) de los problemas y divisiones provocados por los numerosos fenómenos de violencia que han azotado al país.

Creemos, como se escribiera recientemente en estas páginas, que la paz habrá que construirla más que firmarla. Y esa posibilidad se abre y gana horizonte en la medida en que en las regiones empiece a marchar un proceso de reconciliación y perdón –sin impunidad- que nos permita convertir lo pasado en un diccionario para leer y transformar, para bien, lo presente y lo futuro.

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