LOS RETAZOS DE LA VIDA PARA QUE NO HAYA OLVIDO

Publicado 18-02-2016

Con la paciencia que da la convicción de estar haciendo las cosas bien todas las costureras del mundo nunca desesperan. Y menos cuando se trata de reconstruir la memoria. Eso hicieron durante ocho meses veinte matronas y cuatro hombres de todas las regiones del país en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

Publicado por el Centro de Memoria Histórica, 7 de marzo de 2014
Fotos: Centro de Memoria Histórica


Así nació el Costurero de la Memoria, kilómetros de vida y de memoria, un proyecto para tejer recuerdos de la Asociación Minga y la Fundación Manuel Cepeda Vargas liderado por Francisco Bustamente, un artista plástico comprometido con la verdad de las víctimas.

Y el pasado jueves 6 de febrero, más de doscientas personas se agolparon en la sala principal de exhibiciones del Centro de Memoria para apreciar el resultado de la paciencia que aguja e hilos de todos los colores en mano, tejieron quienes no se resignan al olvido.

“Esta no es una exposición sino un diálogo abierto entre los tejedores de esta memoria y los asistentes que se convierten en partícipes de la tragedia de la violencia que vive Colombia, a través de estos lienzos”, apuntó Camilo González Posso, director del Centro de Memoria al declarar abierto el muestrario.

Francisco Bustamente, “Pacho”, que animó semanalmente el taller, anotó que “aquí se reencuentran los caminos de muchos lugares, hallando su vida en el Costurero de la Memoria, describiendo el pasado con ojales, cuellos, senderos y paisajes”.

“Pacho” resaltó el papel de Claudia Girón como asesora psicosocial del proyecto así como de Cruz Helena Alzate como profesora de costura, y Mónica Leda, educadora del Centro de Memoria.

Y a nombre de los talleristas habló Virgilina Chará, una desplazada afrodescendiente del Cauca cuya familia sufrió la peor violencia

“A través de este ejercicio, todos y todas hicimos el duelo identificándonos como víctimas; sacamos verdades que no nos han contado, pero en todo caso no hay nada en el mundo que pueda resarcir tanto dolor”, indicó.

Como el dolor que tejió Blanca Nieves Meneses, la madre campesina de la Dorada, Putumayo, a quien los paramilitares en enero de 2001 le secuestraron y asesinaron a sus cuatro hijas menores, Yenny Patricia, Mónica Liliana, Nelsy Milena y María Nelly Galárraga Meneses y cuyos cuerpos logró rescatar en 2010 de una fosa común.

Blanca Nieves surció, juntando los pedazos de prendas de sus pequeñas asesinadas, un bluyin, un camiseta, una media o algún retazo de una blusa que siempre guardó consigo, un desgarrador cuadro de vida.

Todas la obras mantienen un hilo, el hilo de la vida que sigue en la memoria, para que nunca halla olvido en estos tejidos llenos de color que narran un país que no renuncia a la esperanza.

El público podrá apreciar estas verdaderas obras de arte hasta el mes de mayo.

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