RECONCILIACIÓN, ANTES DE FIRMAR LA PAZ

Publicado 18-02-2016

Aaron Barnea, israelí, y Bassam Aramin, palestino, son dos víctimas del conflicto que se vive en el Medio Oriente hace décadas, que a pesar de sus dolores familiares se dedicaron a buscar la reconciliación entre sus pueblos.

Publicado en Vanguardia Liberal, 13 de abril de 2014
Foto: Revista Semana


Aaron perdió a su hijo cuando prestaba el servicio militar, Bassam vio morir a su hija por un disparo de un soldado israelí.

Pese a las tragedias, ambos se convencieron de la que la violencia engendra más violencia, y a pesar de sus dolores familiares se dedicaron a buscar la reconciliación entre sus pueblos.

Ambos forman parte de ‘Círculo de Padres, Foro de Familias’, una organización que agrupa a más de 650 familias israelí-palestinas víctimas del conflicto armado que trabajan por la reconciliación y la paz.

Aaron y Bassam fueron invitados a Colombia por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, para que participaran en los actos conmemorativos del Día Nacional de la Solidaridad con las Víctimas. Allí, les dijeron a los asistentes que “la reconciliación sí es posible, a pesar de que la venganza es el camino fácil”.

Colprensa habló con ellos sobre reconciliación y conflicto. Estas son sus impresiones.

¿Cuál es el objetivo de su visita a Colombia?

AARON BARNEA: Fuimos invitados por la oficina del Alto Comisionado de Paz a participar en las actividades del Día Nacional de las Víctimas de la guerra en Colombia. ‘Círculo de Padres, Foro de Familias’ es una de las pocas organizaciones israelí-palestinas que reúnen a víctimas del conflicto de ambos países. Nuestro trabajo se basa en el concepto de que la reconciliación es posible, a pesar de la guerra tan sangrienta que ha dividido durante tantos años a nuestros pueblos. Según mis cálculos, hemos llevado este concepto a más de 250 mil estudiantes de colegios de secundaria en edad de servicio militar.

BASSAM ARAMIN: Gracias a la invitación de la oficina del Alto Comisionado Nacional de Paz. Vine a Colombia para conocer más del conflicto y de la situación de las víctimas. Creo que el papel que juegan las víctimas es crucial, porque también hemos sufrido mucho dolor por la guerra. Esa energía de las víctimas puede ser usada para traer luz y un camino de paz o para traer más guerra y más destrucción. Quiero mostrarles a las víctimas del conflicto armado colombiano que la reconciliación es posible. A diferencia de las víctimas colombianas, las víctimas palestino-israelíes hablan un idioma diferente, tienen una cultura diferente, una historia diferente, pero aun así la problemática es similar, porque todos somos seres humanos.

¿Qué los motivó a mostrarse como ejemplo de reconciliación?

B. A.: ¿Para qué continuar sobre el mismo camino de la guerra? Por más de cien años nos hemos matado entre nosotros, para qué entonces seguir con más guerra, más sufrimiento, más víctimas. Debemos es usar el pasado para mejorar el futuro de las nuevas generaciones.

A. B.: Lo fundamental es que siendo víctima de la guerra, las opciones que le quedan a uno no son muchas: o enquistarse en el dolor, tomar una actitud de violencia contra quien mató a mi hijo o contra mi Gobierno u optar por un camino activo que permita interrumpir ese círculo de violencia.

¿Si es posible la reconciliación entre palestinos e israelíes, que son dos pueblos tan diferentes, en nuestro caso es viable cuando es un conflicto entre colombianos?

A. B.: A todos nos conviene la opción pacífica que nos promete la vida, la tranquilidad, la prosperidad. Esa, creo, es una fórmula lógica que le da a nuestro mensaje un poder que va más allá de lo emocional. Si bien lo emocional es muy importante para iniciar un proceso, porque es despojarse de todo para recibir a su enemigo, la reconciliación es un proceso mucho más profundo, más largo, que hay que trabajarlo.

¿Y esa ruptura emocional es fácil de asumirla cuando uno es la víctima? Usted perdió a su hija…

B. A.: La reconciliación es un proceso personal, pero es muy difícil. Primero es necesario reconciliarse con uno mismo. En mi caso, al principio pensaba: ella perdió la vida porque no la protegí como debía. Por eso el primer paso de la reconciliación es perdonarse a uno mismo. Me sentía como encarcelado en los recuerdos por la muerte de mi hija y después no sabía cómo salir de allí. Es que la venganza es el camino fácil, la reconciliación es un camino más largo y más difícil, pero es el camino. Mire los casos de Irlanda del Norte, Ruanda, Sudáfrica, Alemania: eso muestra que la reconciliación sí es posible. Por eso es que los colombianos no deben pensar que tienen el peor conflicto del mundo. Hay precedentes históricos que así lo confirman.

¿Cuál debe ser el papel de los medios de comunicación?

A. B.: Uno ve que hay un proceso de paz en curso y supongo que se llega a este punto porque durante años ha habido una acumulación de problemas sociales. Al final todo tiene que refrendarse en las urnas, pero hoy el público no sabe qué es lo que va a refrendar. Uno llega a Colombia y ve en la televisión y en los diarios que están repletos de temas normales de una ciudad, y que las grandes definiciones políticas, que son las que de verdad les van a cambiar las condiciones de vida a los ciudadanos, ni se mencionan.

B. A.: Me da pena contar esto: cuando les dije a mis amigos de Palestina que venía para Colombia, quedaron aterrados, porque tienen una visión muy distinta, se imaginan solo droga y violencia. Afuera no se sabe que en Colombia hay catorce años de educación cubiertos por el Estado, sino que aquí hay una guerra civil. Todo está en cómo se describe la reconciliación, si se está promoviendo la venganza o se les da voz a las víctimas.

Pero es que los medios informan lo que sucede. Sobre los temas de paz informan lo que el Gobierno hace público…

A. B.: Es cuestión de prioridades. Creo que debe haber un filtro de la información, no digo cuál ni cómo, eso les corresponde a los periodistas, pero aunque hay que informar y tratar de influir sobre la opinión pública, cuando se habla solamente de un tema (por ejemplo, los ataques con ácido o los torneos de fútbol), eso es importante, pero la gente debe estar informada de qué es lo que se piensa refrendar en las urnas cuando se firme la paz.

B. A.: No soy periodista, solamente hablo desde mi posición muy personal: creo que el rol de los medios es ver a qué público está llegando nuestro mensaje. En Colombia lo que se ve en los medios es droga y violencia, pero no lo que está haciendo el país por la educación. En nuestro caso, si pudiéramos tomarnos los medios de Israel y Palestina por un período de un año, probablemente tendríamos ya la paz.

En su caso como en el nuestro, ya se habla de posconflicto, sin que el conflicto haya terminado. ¿Eso es correcto? ¿No sería mejor esperar a firmar primero la paz?

A. B.: Es una pregunta muy importante. ¿Debemos esperar a un acuerdo de paz para comenzar un proceso de reconciliación o debemos empezar ya? Nosotros decidimos comenzar ya, porque estamos convencidos de que los esfuerzos que estamos haciendo hoy van a incidir en el acuerdo. Un acuerdo de paz firmado por las partes no va a tener valor si no hay un proceso de reconciliación que lo acompañe. Bassam y yo lo que estamos haciendo es preparar la mente de la gente. Insisto: antes de que se firme el acuerdo de paz se debe comenzar con el proceso de reconciliación.

B. A.: Recuerde el caso de Sudáfrica con Nelson Mandela: cuando comenzó el proceso de reconciliación mediante la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, para ese momento ya había mucha gente trabajando sobre el terreno preparando a su comunidad sobre lo que vendría con la firma de la paz.

 

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