“COLOMBIA TIENE QUE UNIRSE EN POS DE LA PAZ”

Publicado 18-02-2016

El nobel de Paz 1998, David Trimble habló en Cartagena sobre cómo se logró el proceso de pacificación en Irlanda, del cual fue uno de los artífices. Dice que trató de que el proceso con el IRA fuera más lento para que la gente asimilara lo que estaba sucediendo.

Publicado en El País, de Cali, 6 de julio de 2014
Foto: Archivo Semana


"Recuerdo que en los años 70, en Irlanda del Norte, algunos funcionarios del ejército decían que ser terrorista era un trabajo de buena remuneración y bajo riesgo”. Eso es lo que se le viene a la mente a David Trimble, premio Nobel de Paz en 1998 –por su labor en el proceso que finalizó exitosamente un conflicto que por décadas mantuvo bajo la sombra de la guerra a Irlanda del Norte e Irlanda del Sur– al escuchar la pregunta de ¿qué intereses tienen aquellos que hacen la guerra?

Su respuesta refleja una creencia aplicable a lo largo del mundo: para algunas personas, la guerra da buenas ganancias y no necesitan de mucho esfuerzo para lograr resultados.

Sin embargo, para muchos, para la gran mayoría, es un negocio que deja muy pocas ganancias y muchas pérdidas. Se pierde vida, se pierden sueños, se pierde libertad.

David Trimble es uno de los líderes del Partido Unionista del Ulster (UUP), fue primer ministro de Irlanda del Norte, parlamentario y miembro de la Asamblea de Irlanda del Norte.

En 1997 desempeñó un papel definitivo en las conversaciones de paz promovidas por Londres y Dublín, al apoyar el ‘Sí’ en el referéndum que abrió el proceso para dotar de autonomía política a Irlanda del Norte. Esto le valió en 1998 el Premio Nobel de la Paz, otorgado conjuntamente a él y al líder nacionalista católico John Hume, por su impulso para la construcción de una nueva y pacífica Irlanda.

El galardón reconoció los esfuerzos de ambos en pro de la reconciliación entre las comunidades católica y protestante en Irlanda del Norte, que acabó con el desarme del Ejército Republicano Irlandés (IRA) y de las milicias unionistas.

Trimble estuvo en Cartagena donde asistió a Suma, la Convención Científica Colombiana que se realizó del 2 al 4 de julio, como un espacio diseñado por Colciencias en el que se dieron cita los científicos y expertos de mayor importancia del país.

El País dialogó con el Nobel de Paz sobre su experiencia en el proceso de pacificación de Irlanda y acerca de la negociación que se adelanta en Colombia.

¿Cuál cree que fue su mayor aporte en el proceso de paz que se llevó a cabo en Irlanda?

Este acuerdo fue una unión entre el gobierno del Reino Unido, los partidos políticos de Irlanda e Irlanda del Norte y los grupos armados. En ese entonces no se requería que hubiera una unanimidad, pero sí un consenso. Sin embargo, si mi partido, que era el más grande no se ponía a favor de este diálogo, no se hubiese logrado el acuerdo. Es por esto que mi participación fue crucial al igual que la de John Hume, líder de los sociodemócratas. Nuestro trabajo fue muy similar, fue como un espejo entre ambos partidos. La idea era instar a los grupos terroristas a que se desarmaran y así poner fin al conflicto en Irlanda del Norte.

¿Cómo fueron las relaciones con el IRA (Provisional Irish Republican Army o Ejército Republicano Irlandés)?

Colombia es un país dividido en cuanto a opiniones políticas. ¿Cómo superar la polarización de la sociedad, cómo reconciliarla y lograr que se unifique en el proceso de paz?

La gente en Colombia tiene que unirse y trabajar en pos de la paz. Aunque tal vez yo no esté en la posición más adecuada para responder esta pregunta, porque cada país tiene sus problemas, sus antecedentes, políticas, ideología y tradición.

En el caso de Irlanda había mucha gente escéptica del proceso, que no creía en las negociaciones ni en los acuerdos, y lo que tuvimos que hacer fue crear un panorama posterior, de tal forma, que el pueblo nos diera su confianza, aunque fue algo que tomó mucho tiempo.

¿Cómo es posible lograr un fin del conflicto cuando varias de las partes se siguen resistiendo a abandonar las armas, como algunos subgrupos del IRA?

Incluso antes del proceso hubo miembros de los grupos paramilitares que formaron subgrupos nuevos, los cuales denominamos republicanos disidentes, de los cuales actualmente algunos continúan con actos violentos, aunque son muy pequeños y no gozan para nada de apoyo popular y por lo tanto no alteran la funcionalidad del sistema.

¿Cómo manejaron la opinión pública?

Los partidos políticos representan la población, por lo tanto se hicieron muchas consultas, no solo con los miembros sino también con las bases del partido, que incluyeron diálogos, estudios y debates para conocer si había apoyo. Al darnos cuenta de que la mayoría nos respaldaba, continuamos con la negociación.

Siempre intenté tener el mayor contacto con las bases del partido y claro, es normal que la gente dudase, era el fin o la continuación de un conflicto que llevaba muchos años lo que nos estábamos jugando. Hubo momentos en los que traté de que el proceso fuera más lento, para que la gente pudiera asimilar lo que estaba sucediendo. No sé si estuvo bien o mal, pero de lo que sí estoy consciente, es que necesitábamos su apoyo. Uno no puede inducir a la gente a que crea o no. Se pueden fomentar algunas situaciones para generar confianza en el proceso, pero a la hora de la verdad se debe respetar la autonomía de la persona.

Nuestro proceso fue en parte público y en parte privado. Se dieron unas sesiones plenarias y posteriormente se realizaron unas sesiones bilaterales a puerta cerrada, aunque siempre se filtraba información al público. La implementación como siempre estuvo a la par con la opinión pública, fue un proceso más abierto.

¿Considera que el método usado en Irlanda es aplicable en Colombia?

No estoy en posición de decir cuál procedimiento deben adoptar. Nosotros estudiamos el proceso de paz de Sudáfrica, el cual había sido un proceso muy reciente. Hablamos con todas las personas que habían liderado esa negociación. Aunque personalmente lo admiraba, no era el más apropiado para nosotros, porque nuestro contexto era muy diferente, así que tuvimos que trabajar bajo nuestros propios términos. Duramos dos años en diálogos y luego pasamos nueve años implementando el nuevo sistema y bajo la opinión pública. Unas cosas fueron acertadas, otras no, pero es algo que cada país debe asumir y aprender de ello.

¿Qué tan cierto es aquella idea de que tras el fin del conflicto habrá más recursos para otros temas como innovación, salud y educación?

Eso es lo que se espera cuando se tiene claro que los recursos no van dirigidos al sostenimiento de la guerra. Sin embargo, es muy osado afirmarlo, ya que el mundo económico puede ir en otra dirección, o al final de día pueden suceder muchos problemas de otro tipo que necesiten esos recursos.

Usted ha dicho que fue un proceso lento y con muchos obstáculos. ¿Qué hizo que fuera tan demorada la implementación de la tranquilidad civil?

La implementación del nuevo sistema tardó nueve años. El IRA no renunció definitivamente a la violencia hasta el 2005, siete años después de firmarse el acuerdo de paz. Hoy en día se debate si pudo haber durado más o menos. Personalmente yo considero que pudo ser más rápido. Lo difícil fue llegar a un acuerdo con los grupos paramilitares, los cuales tenían que asumir un compromiso con la paz y la democracia que fuera duradero, para evitar que se convirtieran en ejércitos con fines privados, los cuales podrían tornarse en una amenaza contra el sistema.

Otra de las piedras en el camino fue lograr que aquellos miembros de grupos paramilitares, que fueron elegidos democráticamente como políticos aceptaran y se comprometieran con el sistema legal y con los entes de control como la Policía y el Ejército. Es decir, que aceptaran la autoridad de aquellos contra los que tiempo atrás combatieron.

Quienes se oponen en Colombia al proceso de paz dicen que habrá impunidad. ¿Cuál es el límite que se debe tener para lograr un equilibrio en cuanto al tema de justicia?

Nuevamente, todo depende del contexto colombiano. Nosotros debatimos mucho el proceso de paz de Sudáfrica porque en nuestra opinión el proceso de reconciliación fue un fracaso. Como partido político teníamos claro que no concederíamos una amnistía, porque al hacerlo uno consideraría que todas las partes del proceso de paz son legítimas y se les da cierto nivel de igualdad, y no estábamos dispuestos a darles otro trato que el de terroristas.

Nosotros implementamos un esquema de liberación temprana, donde los desmovilizados fueron a la cárcel por dos años y quedaban en libertad condicional, sujetos a que si volvían a faltar a la ley, serían llevados a prisión con un futuro juzgamiento. Mucha gente no estuvo de acuerdo con que estuvieran libres de culpa tan rápido, pero esa libertad condicional es algo que los ha mantenido a raya.

 

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