LA GUAJIRA, ABANDONADA

Publicado 18-02-2016

En medio de la sequía que azota al país, la situación de La Guajira llama especialmente la atención, pues la desnutrición y la pobreza son consecuencia de años de abandono estatal y de corrupción, más que por razones del fenómeno del niño. Sus habitantes están en paro cívico.

12 de agosto de 2014
Foto: Archivo Semana


Las imágenes parecen sacadas de una aldea ubicada en la mitad del África. En medio de un paisaje desértico se levantan pequeños cambuches hechos con palos y techos de lata, cuándo hay suerte, porque algunas improvisadas tiendas de campaña utilizan como techo el plástico verde con el que se tapan las obras de las grandes ciudades.

Ahí mismo hay un grupo de personas con ropas mal trajeadas y miradas perdidas, la mayoría son niños. Se están muriendo de hambre y de sed, pues en la zona es imposible conseguir agua.

Eso está pasando actualmente en La Guajira, un departamento ubicado en la costa norte de Colombia, y lugar en el que vive una de las comunidades indígenas más antiguas del continente: los Wayuú.

Aunque el problema viene desde hace tiempo, sólo desde hace dos semanas la atención del país se ha volcado en el departamento. La sequía que vive la región Caribe de Colombia ha desnudado los problemas que cargaba La Guajira, escondidos en su desértico y atractivo paisaje de incomparable belleza.
 
Desnutrición que mata

La situación es bastante grave. Según un informe de la Defensoría del Pueblo, 37.000 niños de Manaure, Riohacha y Uribia padecen de desnutrición. Y según el DANE, entre 2008 y 2013 murieron 278 niños por este motivo.

Pero el panorama es peor. Durante esos mismos seis años han fallecido en total 4.151 niños: 2.671 por enfermedades que pudieron haberse tratado y 1.202 que no alcanzaron a nacer.

Cómo la Revista Semana lo explicó en un reportaje (ver artículo): “Eso quiere decir que en los últimos seis años (en La Guajira)  cada día, en promedio, mueren dos niños por abandono”.

Lo peor es que la desnutrición no sólo afecta a los niños. Muchos adultos también han comenzado a sufrir del mismo problema, que los afecta con la pérdida de los dientes, las barrigas abultadas y cambios de color en el cabello.

Y aunque desde el año pasado, la Gobernación de la Guajira destinó 37.000 millones del Sistema Nacional de Regalías –que reparte los recursos que se generan en la Nación entre los diferentes entes territoriales– para un programa de seguridad alimentaria y nutrición, el gobernador Francisco Gómez Cerchar hoy se encuentra en una cárcel. Del proyecto se ha ejecutado poco, según informó El Tiempo (ver artículo).

 La situación ha llevado a que varias fundaciones y organizaciones trabajen por sí solas. Catalina Escobar, directora de la Fundación Juan Felipe Escobar, por ejemplo, encargada de atender a niños de la región, está armando una brigada de salud con 15 médicos que atenderán a los niños en estado avanzado de desnutrición del departamento, pero dice que la situación es complicada. “Esto es como si lo lanzaran a uno al desierto del Sahara a defenderse solo”.
 
No hay agua

El problema de la desnutrición viene de mal en peor desde octubre de 2012, fecha en la cual llovió por última vez en La Guajira, hasta principios de agosto, que las lluvias regresaron.

El agua no cayó –por lo menos con la intensidad de siempre– por dos años y eso sumado a que sólo el 5,3 por ciento de los habitantes de la zona norte de La Guajira tienen servicio de alcantarillado creó la bomba de tiempo que hoy está estallando.

Algunas alcaldías mandan carrotanques con agua, y desde que empezó la polémica, el Gobierno se sumó y cada día son más los camiones cisterna con agua que recorren el departamento, pero parece ser insuficiente. Algunas personas de la comunidad deben recorrer casi dos kilómetros diarios para conseguir agua y cocinar.

La falta de agua también ha matado a los chivos y al ganado con los cuales se alimenta la población del departamento, y ha acabado los pocos cultivos que servían de sustento a muchas familias.

El Gobierno se ha comprometido a construir cien pozos de agua subterránea y a apoyar a las comunidades de la región con cadenas productivas, pero para tener listos los pozos, con la respectiva conexión al acueducto y a una planta de tratamiento de agua, el tiempo estimado es de cuatro meses. Una espera que parece demasiado larga para la tragedia que diariamente se vive en la región.

Mientras tanto, junto con el gobierno de Venezuela, van a suministrar de forma indefinida alimentos básicos hasta a 180.000 wayuú.
 
El problema del centralismo

Lo que pasa en La Guajira no es tan nuevo. Aunque la sequía ha hecho notoria la desnutrición, ese departamento generalmente ha estado fuera del radar de muchas políticas del Estado. Prueba de ello es que la cobertura de agua potable es de apenas un 70 por ciento y el alcantarillado de un 38 por ciento.
 
Pero más allá de esas cifras desastrosas, llama la atención que sólo cuando los medios de comunicación y la Defensoría del Pueblo pusieron los ojos en el departamento, por causa de la sequía, el Gobierno Nacional comenzó a actuar.
 
Qué en uno de los 32 departamentos del país estuvieran muriendo cerca de dos niños por día, sin que en las ciudades importantes se hubieran prendido las alarmas, deja mucho que desear para un país que está buscando el camino hacia la prosperidad.
 
Sobre todo porque el centralismo fue uno de los temas que más criticaron varios líderes regionales de todo el país en los encuentros que Reconciliación Colombia organizó durante los primeros meses del año.
 
Temístocles Ortega, gobernador de Cauca, dijo en uno de ellos que "en el país tiene que haber una decisión contundente que reconozca a Colombia como una Nación de provincias y territorios”.
 
Para muchos representantes de la sociedad civil, el empresariado y las autoridades locales el modelo centralista del Estado Colombiano frena los recursos que van a las regiones y les quita autonomía y poder de decisión a la hora de diseñar las políticas que necesitan.
 
Pero casos como el de La Guajira demuestran que el problema del centralismo va más allá de ser una traba para entregar recursos y diseñar políticas, y muchas veces se convierte en abandono y olvido que trae la muerte para sus habitantes. 
 
Si eso se suma a la corrupción –un ex gobernador del departamento está en la cárcel– de la clase política del departamento, que muchas veces se roba la plata y no realiza las obras, se arma un rompecabezas terrorífico.
 
El tema ya ha movido las fibras de varios habitantes de La Guajira que desde esta semana están en paro cívico. Ganaderos, maestros, indígenas, estudiantes, trabajadores, y campesinos protestan por las condiciones de vida en las que viven, y dicen que lo harán hasta que les den soluciones.
 
La tarea del Gobierno, la Gobernación y los líderes locales es darles soluciones sostenibles, y asegurarse de que, de ahora en adelante, habrá desarrollo y solución a los problemas básicos en todas las regiones del país.

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