¿QUÉ HAY DESPUÉS DE LA GUERRA? CINE PARA SANAR, LA ESTRATEGIA DE IMPACTO DE NATALIA OROZCO

Publicado 02-07-2019

“Muchas golondrinas no pueden hacer verano pero sí crear primavera” una frase poderosa que enmarca el llamado a la acción de la documentalista Natalia Orozco,  Directora de El Silencio de los Fúsiles, quien a más de 2 años de la firma del histórico Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y la Guerrilla de las FARC, promueve el diálogo y el encuentro como vehículos de transformación social.

  • En El Silencio de los Fusiles, Usted resalta el valor del diálogo como un ejercicio central en la construcción de consensos y de hecho, usted le ha dado continuidad a esa apuesta, cuéntenos del trabajo que ha venido desarrollando a partir del documental.

Con la película hicimos una gira internacional por 42 países y varias proyecciones a nivel nacional,  nos dimos cuenta de que la acogida no fue únicamente  en los países que acompañaron el proceso de paz sino en la Colombia profunda. De allí nos empezaron a llegar mensajes, gente que lamentaba no haber visto la película en tv y querían verla en su región.

Yo siempre hice la película pensando en las victimas y en apostarle al país.

Encontramos fondos internacionales para llegar a los rincones de Colombia a los que solo había llegado la guerra y no el cine.  Decidimos que íbamos a recorrer el máximo de municipios, veredas y cabildos y a mostrar la película como se mostró en los festivales porque estamos seguros de que el arte debe llegar con la máxima calidad a todos los colombianos. A estos territorios llegamos con equipo técnico y también con profesionales en construcción de paz quienes crearon una metodología inspirada en la película: “Cine para sanar” que busca capacitar y dar herramientas para la comunicación no violenta en territorios.

  • ¿Cómo fue la experiencia llevando la película a las comunidades? ¿Qué reacción hubo al conocer detalles íntimos del proceso de paz?

Fue una experiencia muy enriquecedora desde lo humano y nos permitió hacer un análisis sociológico muy interesante. Recuerdo, por ejemplo, que la plaza de Toribió se llenó.  Por lo general, al terminar la película las personas aplauden por protocolo, pero allí hubo un silencio profundo, se generó una atmósfera de tristeza (…) luego de unos minutos la gente cogió el micrófono, empezó a hablar y muchos lloraron.

Resultó siendo una proyección muy bonita porque el público reflexionó, sabía que allí mismo había miembros de grupos armados y rompieron el miedo, fueron capaces de construir conversaciones. Entendimos que la película era una herramienta para hacer catarsis.

  • ¿Cuál ha sido el principal desafío en lo que usted describe como “humanizar el conflicto”?

De alguna manera siempre he sabido que el diálogo y el arte son el único camino que les queda a las personas enfrentadas que tienen el reto de encontrar un lenguaje común. Sin embargo no había visto el poder que tiene el cine en un territorio que ha sufrido la guerra.

En las últimas proyecciones que hemos hecho en zonas urbanas hemos visto que hay una decepción, la gente ve que no se ha cumplido el acuerdo a cabalidad por parte del gobierno y las FARC, pero  a pesar de esa desilusión, la película genera diálogos.

Gonzalo Sánchez publicó una columna en donde habla del trabajo de Victus de Alejandra Borrero, del El Silencio de los Fusiles y de El Testigo de Héctor Abad Colorado como tres obras que permiten suturar las heridas que dejó la guerra. Me pareció una figura muy bonita porque  creo que el arte puede ser el hilo que una los fragmentos de país, sin desconocer que las cicatrices quedarán por muchas generaciones, dando la posibilidad de avanzar hacia un país con menos dolor.

  • ¿De qué manera definiría Usted la reconciliación luego de recorrer el país con su documental?

Cuando un país entra en posconflicto, la reconciliación es la oportunidad de crear nuevos acuerdos de convivencia, creo que, incluso, es  algo más importante de lograr que el perdón. Es imposible pedirle a una mamá cuyos hijos fueron reclutados por las FARC o secuestrados por las AUC o desaparecidos por los militares que perdone. Cada persona vive su proceso y el no perdonar es respetable pero lo que es importante es reconciliarnos con la idea de seguir hacia adelante para que las nuevas generaciones no vivan lo que vivieron los 8 millones de víctimas que hay en Colombia.

Recuerdo que en Dabeiba víctimas de las FARC nos contaban que durante muchos años durmieron con los zapatos puestos porque llegaba la guerrilla y les tocaba salir de la casa, ahora están trabajando con ex combatientes. No estoy segura de que se hayan perdonado pero sí llegaron a un acuerdo básico: reconciliarse y dejar de enfrentarse para que nunca más un colombiano deba dormir meses y años con los zapatos puestos.   Quizás no vayan a ser amigos, pero la reconciliación es el momento en el que dejamos de tenernos miedo, dejamos de atacarnos y de ofendernos.

  • Frente a la perspectiva de futuro, ¿cuáles son los principales retos para no perder la motivación de construir una paz sólida?

El primero es salirnos de la trampa en la que nos han metido quienes quieren hacernos creer que el país se dividió entre el Sí y el No porque son los mismos moralistas que creen que el mundo es bueno o malo o que la gente que hizo parte de la guerra es la gente mala contra un país bueno. Es entender que hay personas que votaron  No en el referendo que quieren la paz y que hay quienes votaron Sí y no han hecho lo suficiente. Debemos entender que más allá del sí o el no, tenemos como país la necesidad de construir una Nación más allá de diferencias políticas. Más allá de respetar lo pactado en el acuerdo de paz, que debemos hacerlo, debemos entender que como principio básico debemos respetar la vida.

  • ¿Qué viene para la campaña de impacto de El Silencio de los fúsiles?

Yo estoy sorprendida porque dos años después de la película yo creía que se archivaría como parte del registro histórico pero sigue siendo muy bonito que nos siguen invitando a veredas; por supuesto,llegar con la metodología implica unos recursos e infraestructura.

Estamos próximos a inaugurar una cátedra de pensamiento complejo en una universidad de Medellín, también haremos de la película una herramienta de conversación con la JEP. Por ahora, seguimos llegando a las principales ciudades y en búsqueda de socios estratégicos para llegar a la Colombia profunda, pues son ellos quienes más han sufrido la guerra y tienen la posibilidad de construir una Colombia diferente.

 

  • Para terminar, ¿con qué mensaje quiere que se queden los colombianos?

Yo creo que es una tarea de todos recordar a las partes de cumplir lo pactado en el Acuerdo de Paz pero es una necesidad que todos los colombianos entendamos que la violencia que se sigue gestando en el país tiene que ver con todos y cada uno. 

Quiero que los colombianos que leen esta entrevista recuerden que hoy muchos alemanes les están preguntando a sus abuelos ellos qué hicieron mientras se llevaban a miles de judíos a los campos de concentración y a los hornos crematorios. A nosotros, en veinte o treinta años, nos van a preguntar qué estábamos haciendo nosotros mientras cada 11 horas un líder social o ambiental está siendo asesinado.

Pensemos que ojalá todos los colombianos tengamos una respuesta y que desde nuestra profesión tenemos la posibilidad de hacer algo y podamos decirles que actuamos. Muchas golondrinas no pueden hacer verano pero sí crear primavera.

“Cine para Sanar” es hoy la iniciativa que transforma películas memorables en herramientas eficientes para el cambio social. Con una metodología propia, busca sensibilizar, educar y destacar valores como la justicia, la equidad, la pluralidad de género y la sostenibilidad social y ambiental a partir de elementos del cine, la educación, la reflexión y la memoria.

¿Quiere conocer más sobre la iniciativa?

http://www.pulsomundo.com/cineparasanar/quienes-somos/que-hacemos-cine-para-sanar

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